Las reuniones con mi pseudo jefe acostumbran a ser largas y agotadoras. Pero por lo menos ha aprendido él, que si me tiene que tener 4 horas peleándome con el material del catálogo, que menos ue me de algo de comer. Así que ayer tenía bombones y zumito.
Me enseñó las fotos de sus vacaciones que no habían sido vacaciones (aunque yo ya he contado 3 vacaciones desde junio…) y me regaló un libro que ha resultado ser precioso…


A parte de eso, ayer le dio por poner música, y de lo más variado, desde los cantos tribales, hasta alguna banda sonora, para poner finalmente rock italiano. Entonces fue cuando se soltó.
Y le dio por cantar.
Fue un acto inconsciente, que lo único que consiguió es que yo me atragantara con un Bacio Perugina.
Él recuperó la compostura, se disculpó, y siguió a lo suyo.
Tarareando por lo bajini.
Sabe que tiene que comportarse, sobre todo después de la recolecta para enviarme de vacaciones.
Si hay algo peor que encontrarse en el metro con una excursión de estudiantes de instituto es encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos.
A la estupidez crónica congenita de esa edad hay que sumarle la bravuconería italiana, que es algo así como un +20 en la escala de decibelios y tonterías múltiples.
Las chicas que empiezan a ser conscientes de su sexualidad y carecen de filtros, miran con descaro a los hombres del metro, y con gestos torpes y todavía infantiles se cuchichean entre susurros y grititos más propios de una rata de ciudad que de un humano. Tienen la cara llena de granos, no saben maquillarse, y desconocen los que significa “combinar colores”. Los chicos, asombrados por su repentino cambio de voz, parece que necesitan hacer saber al universo entero sus nuevas cualidades vocales y vocean y gritan y emiten sonidos guturales más propios del hombre de las cavernas que de un anodino hombre del s. XXI. Son todavía más torpes que las chicas, con sus cuerpos más a medio hacer, rozando casi la obesidad, y el gesto baboso y grasiento. A estos adolescente les sobra grasa y les falta cerebro. El futuro de la humanidad resumido en un vagón de metro.
Odio el instituto. Odié mi época de instituto, y la seguiré odiando el resto de mi vida. Si hubiera durado un año más aquella tortura, yo habría salido de allí convertida en una sociópata.
(paro y bebo agua, respiro hondo).
Odio el instituto.
Si hay algo peor que encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos, es encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos acompañados de una monja.
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la vida es como un espectáculo de variedades
a veces nos buscamos en el reflejo del espejo
y nos sonreimos coquetos.
Mucha gente espera su entrada en escena
Otros se ocultan, agazapados
Yo me he propuesto…
salir volando!
eso sí
hay que tener cuidado…
entre bambalinas, hay monstruos
si mezclamos el hecho de tener unos jefes italianos y dedicarme a la arquitectura, que obtenemos?
Raffaella Carrà — Tanti Auguri
increible el detalle de la Villa Palladio…
pues eso, mi nueva jefa es Napolitana. Si no tenía bastente con mi Antonio de la Puglia ahora hay que añadir a ella.
En el trabajo, de tanto en tanto, me pone un video del youtube y me conecta los auriculares para escuchar.
Siempre me pone cositas del mismo estilo. Sabe que yo escucho a Paolo Conte y a Franco Battiato. Está intentando recuperarme para su causa y me pone videos como este:
Mina Mazzini!!! — Se telefonando
A que es fascinante el escenario y la gesticulación de ella mientras dice “si pudiera llamarte te llamaría para decirte que adios”?…
con la letrita aquí
Lo stupore della notte
spalancata
sul mar
ci sorprese che eravamo sconosciuti io e te
Ma nel buio le tue mani
d’improvviso
sulle mie…
É cresciuto troppo in fretta
questo nostro
amor…Se telefonando io potessi dirti addio
ti chiamerei…
Se io rivedendoti fossi certa che non soffri
ti rivedrei…
Se guardandoti negli occhi sapessi dirti basta
ti guarderei…
Ma non so spiegarti
che il nostro amore appena nato
è già finito…
(bis)











