japanizeme


descanso
Abril 16, 2008, 5:15 am
Guardado en: las ramblas

cuando llega la hora de la comida las estatuas de Las Ramblas se sientan a comer girados. Entonces miran a la calle y a los coches que pasan. Los turistas esperan en la parte de atrás a que se acaben el bocadillo, algo extrañados, como si no comprendieran que las estatuas humanas tuvieran también sus necesidades biológicas. Eso es, también comen, y por lo tanto, también cagan.

Pero cuando comen, o cuando descansan, las estatuas se giran- este hecho lo remarco porque me ha gustado esa manera suya de darle la espalda al sol y a los turistas.

Es como la mujer de Tomita. Ella es azafata. Así que para ella las vacaciones significan quedarse en casa.



reencuentros
Abril 14, 2008, 7:18 pm
Guardado en: japonismes, las ramblas

Tomita y su papá (84 años) están en Barcelona.

he quedado con ellos para ir a comer algo este medio día. Tomita dice que su papá es rico y él lo pagará todo. En el trabajo me han dicho multitud de sitios a los que ir a comer por aquí cerca. Por aquí cerca significa toda Ciutat Vella.
Ahora que pienso debería llevarles al Mas Vell del Masnou, pero me queda un poco lejos, y esta tarde vuelvo a trabajar. :(

pero bueno, quizá esta noche volvamos a quedar para ir a tomar algo.

Por si acaso me he venido armada de mi dicionario electrónico. Mi japonés está más que oxidado. Tengo que practicar fórmulas de cortesía para dirigirme al papá de Tomita.

mis niños de los martes aquí



de vuelta al trabajo
Marzo 25, 2008, 6:18 pm
Guardado en: las ramblas, tra gli italiani

Si hay algo peor que encontrarse en el metro con una excursión de estudiantes de instituto es encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos.

A la estupidez crónica congenita de esa edad hay que sumarle la bravuconería italiana, que es algo así como un +20 en la escala de decibelios y tonterías múltiples.

Las chicas que empiezan a ser conscientes de su sexualidad y carecen de filtros, miran con descaro a los hombres del metro, y  con gestos torpes y todavía infantiles se cuchichean entre susurros y grititos más propios de una rata de ciudad que de un humano. Tienen la cara llena de granos, no saben maquillarse, y desconocen los que significa “combinar colores”. Los chicos, asombrados por su repentino cambio de voz, parece que necesitan hacer saber al universo entero sus nuevas cualidades vocales y vocean y gritan y emiten sonidos guturales más propios del hombre de las cavernas que de un anodino hombre del s. XXI. Son todavía más torpes que las chicas, con sus cuerpos más a medio hacer, rozando casi la obesidad, y el gesto baboso y grasiento. A estos adolescente les sobra grasa y les falta cerebro.  El futuro de la humanidad resumido en un vagón de metro.

Odio el instituto. Odié mi época de instituto, y la seguiré odiando el resto de mi vida. Si hubiera durado un año más aquella tortura, yo habría salido de allí convertida en una sociópata.

(paro y bebo agua, respiro hondo).

Odio el instituto.

Si hay algo peor que encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos, es encontrarse con una excursión de estudiantes de instituto italianos acompañados de una monja.



rambla p’arriba rambla p’abajo
Diciembre 21, 2007, 7:11 pm
Guardado en: las ramblas

soy afortunada.

Mi madre trabaja muy cerca del (mi) despacho. Eso significa principalmente que: 1) no me dormiré y 2) me llevan en coche hasta el centro. Luego ya es cosa mía.

A la hora en que yo llego están montando las calles, como aquel que dice. Y una cosa es una calle cualquiera, y otra muy diferente las Ramblas y alrededores.

A primera hora de la mañana es cuando mejor se camina por las Ramblas. Apenas hay guiris, y la ciudad se despereza. Montan los quioscos de flores, y los de pájaros. Las cafeterías y panaderías empiezan a tener movimiento. Camareros soñolientos bostezan mientras preparan las sillas y alguna terraza . Y la gente camina, hacia arriba y hacia abajo, buscando una boca de metro o un café. Algunas señoras arrastran un carrito vacío y se dirigen al mercado de la Boquería. Los señores pasean con un periódico (o dos o tres) bajo el brazo.

En una semana he descubierto pequeños actos cotidianos. Hay un señor que lleva a su hijo al colegio en metro, antes de bajar las escaleras de la parada de Liceo se hacen con un periódico gratuito.

El chico de los periódicos gratuitos es un entusiasta de los saludos calurosos y a todo el mundo le desea los buenos días como si realmente pensara que ese día va a ser el mejor día del mundo y de la historia. El niño que va al colegio con su padre en metro se acera a él y le pide un periódico “por favor”, el chaval le saluda efusivamente, y el niño le da las “muchas gracias” y vuelve corriendo y orgulloso hasta su padre que espera en las escaleras, allí el niño le da el periódico sintiendose responsable de una tarea de suma importancia.

Esta escena se repite indistintamente cada día, de lunes a viernes, a las nueve menos cuarto de la mañana.

Los repartidores, reparten. Se pasean por las aceras con sus cajas a los hombros repletos de cruasanes y medias lunas. Los camoniones de distribución se agolpan aparcados y de ellos descienden carretas y carretas repletas de productos para las tiendas o para las despensas de los restaurantes. Mi calle, semiescondida y estrecha, se convierte en un desfile de carretilleros mientras espero a que alguien llegue a abrirme la puerta del edificio, soy tan puntual, que todavía no han colocado la cerradura de la puerta.

Carretillas de naranjas, de congelados, de botellas de leche, de carne, alguna con baldosas para una reforma circulan en doble direccion. Los repartidores van y vuelven una y otra vez, desde su punto de origen y abastecimiento aparcado 3 calles más abajo, y se van moviendo entre esas callejuelas que serpentean y forman el entramado de Ciutat Vella (Gòtic).

A las nueve chispeaba un poco, todavía nadie me abría la puerta, y las farolas seguían encendidas.

Me he dado cuenta, que de lejos, las antenas de las azoteas parecen alfileres del pelo.
(Será verdad eso que dicen, que Barcelona es coqueta - y algo gitana- y por eso lleva peineta)

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J.M. Serrat — Hoy puede ser un gran día

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Añadido a las 12:30.

A las 12 en punto todo el barrio gótico vibra en campanadas. Es la hora del Angelus!.

Mapa de la ubicación de las iglesias de la zona aquí.