hoy han vuelto los nietos de mi jefe. Y definitivamente, a mí no me sale.
Yo los niños los miro de lejos, y cuanto más lejos mejor. No tengo la necesidad imperiosa de decir que todos los niños pequeños son una primura, no tengo ganas de achucharles los mofletes, tampoco me emociona hablar en un vocabulario pre-cavernario, ni perder la compostura diciendo cuchi cuchi. No me sale. Y encuentro que es bastante absurdo.
A mi modo de pensar - ahora llamadme radical- a los niños hay que tratarlos ante todo como personas, y no como a animales domésticos. Si se quiere enseñar a hablar a un niño, digo yo que habrá que hablarle en un idioma intelegible, y no repetir una sarta de balbuceos sin sentidos que lo único que hacen es reafirmar su incapacidad para hablar. Durante una hora he tenido que soportar estoicamente como el despacho -el lugar en el que por cierto se supone que trabajo - se llenaba de grititos, de carreras, de jugueteos y de tonterías. Vamos que los niños eran como si estuvieran en un circo, no por ellos, sino por lo que se ha montado a su alrededor.
No me sale. O quizá no valgo.
Mi madre el otro día bajó a la basura una bolsa llena de libros. Cuando le pregunté que iba a tirar me dijo:
-Nada, unas cosas que total, no sé para que las guardo.
-Pero que tiras?
-No nada, tonterías.
Le cogí la bolsa y miré en su interior, con estupefacción comprobé que dentro había libros para pre-mamás, de esos sobre lactancia, embarazo y cuidados del bebé.
-Pues eso, es que ya he perdido toda esperanza de que me hagas abuela, y es tontería tenerlos en casa.
Que eso me lo diga una persona que me cortó el pelo a los 5 años porque le daba pereza peinarme me da mucho que pensar…



A mi de la serie de Scooby Doo la que me gustaba era la pijita. Era super mona, con su vestidito, sus labios pintados y ese pañuelo.
me acabé pareciendo es a la empollona de Vilma. En fin…