la turista un millón


paranoico crítica
agosto 22, 2009, 1:49 pm
Archivado en: arte occidental

Ha escrito el sr. Luri un post sobre un cuadro de Ingres y una foto de Julian Moore, y no he podido abstenerme de contestarle, pero el comentario se me ha ido de madre así que lo dejo aquí suelto y ancho, para que luzca un poquito.

Jean-Auguste-Dominique Ingres, La Grande Odalisque, 1814

Jean-Auguste-Dominique Ingres, La Grande Odalisque, 1814

Michael Thompson, retrato de Julianne Moore. American Photograph (2003).

Michael Thompson, retrato de Julianne Moore. American Photograph (2003).

A Ingres pintar cuerpos no es que se le diera muy bien especialmente, y hay pruebas.  Pero no es un dársele bien por pereza, es otra cosa, los cuerpos de Ingres desaparecen dentro de los ropajes para volver a salir otra vez por una manga o un cuello. Y cuando lo hacen lo hacen esplendorosamente y parece que tengan su vida propia más allá de la otra parte del miembro que se vea por otro descuido del ropaje. Ahora bien, en este caso la Odalisca, oh dios!, va completamente desnuda, sólo un pañuelo repleto de arabescos y filigranas le recoge el pelo a modo de turbante, y los turbantes como su propio nombre indica turban. Porque de todas las partes del cuerpo en la que se podría haber puesto esa tela para taparse las espléndidas caderas o la curva de su pecho derecho, sólo aparece en la cabeza. Fíjese que mientras la Moore tiene la cabeza descubierta, es una tela –prácticamente un trapo, mucho más pobre que el turbante turbador de la Gran Odalisca- la que cubre sus caderas y sus pechos.

Así pues, estando como he dicho la Gran Odalisca desnuda y pudiendo todo el cuerpo mostrarse libre de ataduras y de encajes encima de ese diván, por qué esa pierna desarticulada? En la postura actual del cuerpo de la muchacha la pierna izquierda a penas sí se vería, quedaría oculta, esta vez por su propio cuerpo y no por una tela –que en el fondo no deja de ser una segunda piel solo que un poco más exuberante. Pero siempre nos quedaría la duda de que realmente estuviera completamente desnuda, puesto que existiría una parte del cuerpo que no se ve. Si nos fijamos justo debajo del cuerpo de la Odalisca hay una tenue seda, blanca como tienen que ser las sedas, que se arremolina y recoge de cualquier modo debajo del cuerpo prácticamente marmóreo de la Gran Odalisca, esta misma tela vuelve a aparecer otra vez, del otro lado justo por debajo de la curva del pecho izquierdo, quizá esa misma tela realmente acabara recogiéndose y envolviéndose sobre la pierna izquierda tapándola, y si esto fuera así la odalisca ya no estaría completamente desnuda. Ingres dibuja esa pierna desarticulada que sobresale de la pierna derecha casi como un apósito, como si la Odalisca misma se retorciera cual arabesco, como confirmación pura y dura de que no hay nada, absolutamente nada, que tape el cuerpo de la Odalisca excepto su propio cuerpo. Eso y el turbante turbador, que como la canción indica, se lo ha quitado todo menos el sombrero.

Y si seguimos por las telas, fíjense ustedes, la importancia de los detalles, quizá el cuerpo de la Odalisca parezca un poco falso, aunque inevitablemente desnudo, pero todo lo que hay a su alrededor, desde el abanico hasta la tela de raso que cuelga a modo de cortina (con ricos bordados dorados), el diván de terciopelo azul, la pipa de fumar, el cojín (sólo un cojín! No como la Moore que necesita ni más ni menos que cinco!) o ese medallón repleto de joyas olvidado como si no tuviera valor alguno a un lado del rotundo culo de la Gran Odalisca todo es tremendamente real, tan y tan real, que qué duda cabe, por fuerza, la modelo debió existir y se la puede encontrar, vaya usted a saber, en cualquier sitio, y además, sin duda alguna, es posible que se desnude del todo si usted se lo pide y se quite hasta sus joyas más valiosas. La Moore, en cambio, cuerpo proporcionadamente real, aunque no desnudo, si no pudorosamente tapado por un trapo cualquiera, se asienta sobre un montón de cojines (cinco cojines cinco) y unas telas que no son telas porque no se puede saber de que material están tejidas, está envuelta en un escenario que parece tan artificial que cuesta asegurar que realmente la Moore misma sea real.

Y es por eso que la Gran Odalisca de Ingres será siempre grande, y por y sólo por, esa pierna izquierda suya que no deja lugar a dudas.


3 comentarios hasta ahora
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Si algún día se encuentra usted en condiciones de regalarme o el original de Ingres o el de Thopmson, por favor, no lo dude, que sea el de Ingres. A pesar de la pierna imposible (¡o quién sabe si por la pierna imposible1) la composición de Ingres es muy, muy superior. Pero a mi lo que me llama verdaderamente la atención es el juego entre la carnalidad del cuerpo que anuncia descaradamente lo que tapa y esa cara que nos habla exactamente lo que queremos oír.
Y lo que quiero oír, ya es cosa mía.
Un abrazo, HiperCelia.

Comentario por G.L.

He conocido este post a través del Sr. Luri. Me ha encantado esta réplica/comentario. El análisis se ajusta mejor.

Pero comento -como a él-, que aunque no aprecio bien la foto del cuadro original -el de Ingres-, me parece observar en la zona lumbo-sacra una protuberancia típica de una espina bífida. Esto podría originar otras alteraciones anatómicas, como una diferencia de los miembros inferiores.

No sé. Quizás algún experto nos podría aclarar algo, ¿no? En todo caso, siento ser tan poco poética.

Un saludo,
Montse.

Comentario por MGJuárez

Uau…

Comentario por Portorosa




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