la turista un millón


la educación sentimental
Julio 1, 2009, 3:10 pm
Archivado en: japonismes

hoy he ido a comer con mi padre. Estábamos solos en casa, y no le apetecía preparar nada, así que me ha llevado a comer a uno de esos míticos bares de por aquí donde hacen unas tapas tan buenas. Por el camino, nos cruzamos algún conocido suyo, así que le dio por presumir:

-esta es mi hija la mayor, es arquitecta.

Llegamos al bar con mi padre abriendo paso, henchido de orgullo, mientras yo me arrastraba unos metros más atrás quejándome del calor que hacía. Estábamos comiendonos unos mejillones y mi padre aprovechaba para darme sus valiosísimos consejos sentimentales cuando la rubia oxigenada entró. Mi padre estaba de espaldas así que ni se inmutó y continuó hablando de mi mal genio y mi incapacidad social. Yo estaba muy ocupada observando al especímen que acababa de entrar por la puerta.

la rubia oxigenada llevaba un sombrerito de paja con un lacito, y unas gafas de sol muy grandes con monturas rojas que le hacían juego con sus labios pequeños y finos. Llevaba un collar enorme que le colgaba entre dos tetas grandes como melones, apenas recogidas por un escote palabra de honor de un vestido diminuto rojo pasión (conjunto perfecto con los labios y las gafas). En un preciso movimiento estudiado, se giró, sonrió, saludó y se quitó el sombrero y las gafas, todo en ese orden.

Se sentó en la mesa de enfrente, a la espalda de mi padre, con lo que él, ajeno a la atracción de feria del bar seguía hablando de la familia y de otros animales. Los currelas de la mesa de al lado dejaron de mirar su plato, para concentrarse en carnes más apetitosas, ya nisiquiera hablaban, sólo hacían una competeción a ver quien cogía la tortícolis más severa. Ella pidió vino blanco y un  platito, porque comería algo de lo que sus amigos tenían sobre la mesa (se comió 1 pescadito frito).

Observarla era fascinante. Se puede saber la clase de una persona por su capacidad para combinar la bisutería barata con el anillo de oro de la primera comunión. Su conversación era de lo más interesante, de alto contenido intelectual, por ejemplo, pidió a uno de sus acompañantes que le tradujera el significado de “I still loving you”. Sonreía mientras sorbía el vino frío, enseñaba mucho los dientes, y agitaba sus pestañas bien perfiladas y cargaditas de rimmel. Iba divina de la muerte. Preparada para enfrentarse al mundo y…irse a la playa! Y es que sí, después de acabarse el pescadito frito (y una especie de tiras de no se sabe qué deshidratado) se iba a la playa, con el vestido rojo de cocktail, los collares, y bien pintadita, porque las 4 de la tarde es el mejor momento del día para pillar un melanoma.

También se levantó un par de veces, para mirar otras tapas, para comprarse un paquete de tabaco, para atusarse el pelo. Cualquier cosa, con tal de que si todavía quedaba algún mortal en ese bar que no supiera de su existencia se enterara de una puta vez.

Luego tuvo un gesto muy interesante, se cambió de sitio, de esa manera, todo el que entraba nuevo en el bar era lo primero que veía y de frente. Y la sorpresa se marcaba en la cara de todos, esperando en la barra una mesa libre, y rezando para que tuviera buenas vistas al canalillo de la rubia oxigenada.

Claro, que a mi me aguó el espectáculo, porque de espaldas, era más bien sosa.


4 comentarios por mucho
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y yo no estaba….

comentario por juan

la próxima ve la invitas al blog, que seguro que lo hace mas interesante XDDD (es broma)

comentario por kurono

El agua de mi miradaaaaa
Ay por tu canalillo vaaaaa
Llegará donde me dejeeeeees
Y algo la acompañaráaaaa

Joé, como es el cante populá, que tiene temas para todo.

comentario por NáN

Y tu padre, ¿se acabó enterando de su presencia? jeje

comentario por Kevin




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