Archivado en: arte occidental
Que soy rara, es algo que es vox populi.
En el poblado mundo de las representaciones de Judith hay de todo. Cuadros en los que una Judith radiante se escapa de la oscuridad del lecho llevando consigo la cabeza de Holofernes, mientras del cuerpo del hombre sólo se aprecia una pierna azulada que cuelga de la cama.
Y otras en las que Judith, espada en alto, representa un contraste entre la fragilidad de la muchacha y el acto macabro que acaba de comenter.
Hay Judits, que se han confundido con Salomé durante mucho tiempo.
Pero, sin duda, la Judith más benévola de todas es la de Caravaggio. Es casi una muchacha, que pone carita de asco y mirada de: “Señor, mira que cosas tengo que hacer por mi pueblo”. Judith es como Abraham sacrificando a su hijo, pero que se ha quedado esperando la aparición del ángel que le evite el mal trago de tener que sacrificarse, y es que aquí, es Judith quien se sacrifica, al manchar sus manos de sangre para salvar a su pueblo. Por eso la criada mira atenta, con el saco en la mano a que se acabe el ritual, porque hay que hacer lo que hay que hacer.
Cranach pintó también varias Judits, y no las presentaba como muchachas inocentes, precisamente. De hecho, acostumbran a ser imágenes donde la mujer todavía luce la espada en alto, y con la otra mano sujeta fuerte la cabeza de Holofernes. Y si me apuras, el vestido, es casi una armadura. Judith es un soldado. De hecho, uno de los primeros agentes dobles de la historia.
De Cranach también tenemos una escena de la boda entre Holofernes y Judith. Judith, candorosa, ofrece comida a Holofernes. En el lado opuesto del cuadro, en el extremo derecho superior, se aproximan nubes grises, presagio de catástrofe, y entre los soldados, unos cuantos, al otro lado de la mesa, en lugar de observar a la pareja, miran hacia otro lado, a nosotros, con el gesto torcido (es como un ejercicio bien resuelto siguiendo el De Pictura de Alberti).
A pesar de que en el fondo, Judith es una heroína bíblica, no deja de ser una mujer que ha asesinado a un hombre en su propia cama, y eso es dificil de obviar. Así que siguiendo con las Judits soberbias, hay que presentar también a las de Klimt. Aquí, Judit es una mujer semi-desnuda, lo cual es todavía más desarmante que la mujer-soldado de Cranac. La versión de 1901, con su ojos entrecerrados, casi en sutil éxtasi, es una imagen sensual y erótica, y por eso, la visión putrefacta de la cabeza verdosa entre sus manos es todavía más repulsiva. En la versión de 1909, Judit es una mala de verdad, ni siquiera te mira, está por otras cosas…parece que busque a otro al que cortarle la cabeza, mientras lleva la de Holofernes todavía caliente, entre los pliegues del vestido.
En contraposición con la visión masculina del asunto tenemos las representaciones que hizo Artemisa Gentileschi del mismo episodio bíblico. Aquí no solo hay que tener en cuenta el hecho de que Artemisa, fuera mujer y pintora, sino que además fue violada por un discipulo del taller de su padre, y en el juicio a ella se le sometió a tortura para demostrar que decía la verdad. Artemisa era pues un personaje complejo que ha nutrido la ensayística feminista de la historia del arte, pero no es necesario ser muy freudiano para entender por donde iban los tiros cuando pintó su Judith en plena faena.
Y luego lo volvió a pintar, pero más grande. Y con vestido nuevo. Le añadió más salpicaduras. Por su puesto se retrató a ella misma como Judith, y el desgraciado Holofernes llevaba la cara del discipulo de su padre.
Con Artemisa también aparece la camaradería con la doncella, que deja de ser espectadora para participar activamente en el asesinato de Holofernes, colocándose encima y aprisionándolo con su peso para facilitarle el trabajo a su señora. Y luego, ya habiéndole dado muerte, las dos mujeres, miran a su alrededor para saberse a salvo, y huir con la cabeza del (pringado) hombre. Ojo al detallito, como Judith se apoya la espada en el hombro, como si cualquier cosa, y la otra mano descansa sobre el hombro de su criada. En el homicidio siempre se hacen grandes amistades.
En Botticelli, en cambio, lo interesante, es este punto y final que plantea a la historia al representar el descubrimiento del cadáver de Holofernes. El cuerpo, descansa sobre las sábanas, desnudo, y en un primer plano se tiene el corte, sangriento todavía, de su cuello, un muñón viscoso. No se ve a Judith, no se ve a su criada, ya caminan hacia Betulia. Sólo se nos muestra el resultado final y la mirada de horror de sus soldados. Se nos muestra el crimen, cuando la criminal ya ha huído con la cabeza. Lo que queda es un despojo.
Pero de todas las posibles Judits, con la que me quedo, es con la Olimpia de Manet. Y es que en el fondo, es lo mismo. Una mujer cualquiera, hermosa, y su criada, que se ofrece al visitante -el extranjero, el de fuera- serena y calmada. Y si te quedas dormido, te puede salir muy caro.
14 comentarios por mucho
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Me ha encantado la lección de arte!
Comment por koldo Mayo 5, 2009 @ 6:45 pmLo que no sé es si Holofernes tendría esposa e hijos esperándole, lo que es muy posible.
Llamándote Holofernes tienes que esta preparado para lo peor.
Comment por GL Mayo 5, 2009 @ 10:27 pmPor cierto: ¡Qué gran expresión esa de “perder la cabeza”!
Recuérdame que esconda los cuchillos, que no me gustaría tener que desprenderme de mi colección de sombreros.
Comment por arrebatos Mayo 5, 2009 @ 11:57 pmPara mí: Allori (la cara es preciosa), Tiziano, Caravaggio (¡es que a mí, Caravaggio…!) y el primero de los de Artemisa.
Sé de uno que se debe de haber quedado súper tranquilo, después de todo esto.
Me ha encantado, Celia; es un verdadero regalo, este post.
Comment por Portorosa Mayo 6, 2009 @ 9:01 amBicos.
Pues yo me quedo con la Judith de Riverstone, sin ninguna duda…
(http://www.riverstone.fr/english/bibliography/judith.html)
Comment por Void Mayo 6, 2009 @ 4:13 pmAlo, Void
tú siempre tan cochino
jejejeje
más info y otras cositas aquí
Comment por lacelia Mayo 6, 2009 @ 4:22 pmhttp://comics-of-o.blogspot.com/2008/10/judith-and-holofernes.html?zx=b9e25e407ebde38e
la modelo de la primera Judith de Klimt era, además, la mismísima Adele Bloch-Bauer, dama de la alta burguesía austríaca conocida por ser desagradable (el término mexicano es hija de la chingada). (si no se pueden decir palabrotas, me censuras)
Aunque es la que a mí más me gusta.
Toda mi infancia viví con un poster de ese cuadro en el corredor de casa, y sólo después de muchos años, de chavala, reparé en la cabeza cortada que trae en las manos… un hecho que a un freudiano le parecerá un deleite.
Comment por jimena Mayo 6, 2009 @ 5:50 pmAdele es de la misma familia Bloch-Bauer, víctima del saqueo nazi, que hace unos años recuperó los derechos de los cuadros que Klimt pintó para ellos y los retiró de la Galería Austríaca de Viena para venderlos a una colección privada en NY. La Judith, por llamarse así y no ser un encargo, sigue colgada en las paredes de la galería.
ah! que me ha encantado el post.
Comment por jimena Mayo 6, 2009 @ 6:23 pmdisfruté sobretodo eso de que en el homicidio siempre haces buenas amistades… que verdad más grande!
besos.
chapeau por el post!
Comment por josep Mayo 7, 2009 @ 11:43 amTambé em trec el barret. I em quedo amb la segona versió decapitadora de la Gentileschi.
Comment por mina. Mayo 7, 2009 @ 1:17 pm
Comment por lacelia Mayo 7, 2009 @ 1:19 pm[...] WordPress.com Gentileschi en Madrid Junio 30, 2009, 11:13 am Archivado en: arte occidental Se acuerdan ustedes de…esto? [...]
Pingback por Gentileschi en Madrid « la turista un millón Junio 30, 2009 @ 11:15 amThere is a little mistake:
Comment por Anna Agosto 13, 2009 @ 4:07 pmThe first version of “Judith decapitando a Holofernes” by Artemisia Gentileschi is painted in 1612-13 not in 1512-13.
Ups. Thank you Anna.
Comment por lacelia Agosto 14, 2009 @ 6:23 pm