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Hoy teníamos una reunión, teníamos que encontrarnos varias personas para hablar de algo que nos atañía a todos…
una persona no ha venido: tenía la gripe.
(punto.)
Hoy mi padre también ha ido a una reunión, como trabajador de la sanidad pública, le tenían que explicar: el protocolo de la gripe.
(punto.)
Albergo la perversa idea de presentar un proyecto de tesina (sí, lo sé, todavía no me he recuperado del proyecto final de carrera) sobre la Barcelona Negra, o la Barcelona de la Mugre (que bonito título) a través de las novelas negras de la transición (y alrededores).
Yo, que para mí, el paradigman de lo negro es Philip Marlowe y que lo máximo que he podido asimilarlo a Barcelona hasta ahora ha sido con el juego de transformismo al que sometieron a Santiago Roqueta, me voy a tener que remangar y dedicarme a leer novelitas compulsivamente.
Lo de Roqueta….Uy, esto tengo que explicarlo, porque no me creeréis.
Santiago Roqueta era profesor de dibujo en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y en el 77 (no estoy segura) fue director de la mismísima escuela-y muchas otras más cosas. Pues bueno, en 1979 se organizó en las Galeries Comercials (nou de la rambla, 60) una exposición o performance llamada “El Largo Adios” y se trataba de un “homenaje a la colección de Serie Negra de la editorial Bruguera”. En los títulos de crédito aparece algo así como:
montaje: Alicia Núñez y Xavier Olivé
Escenógrafo: Antxon Gómez
Sonido: Carles Santos
Actores: Toni Gelabert, Midú, Isabel Núñez, Ramón Olivés, Montse Riba, Santiago Roqueta y Jordi Ventura.
Atrezzo: Felipe de Paco.
Peluquería: Marcel Monlleó
Coctelería: Boadas
Fotografias: Colita y Manel Esclusa
la mezcla es de traca i mocador. En las mesas redondas y coloquios estaban, sentados entre otros, Manuel Vázquez Montalbán y Juan Carlos Onetti (amén).
Santiago Roqueta, retomando el hilo, hizo, en una especie de pesebre viviente, de Philip Marlowe.
No era Robert Mitchum, era mi profesor de dibujo y expresión gráfica.
Se me ha desviado el discurso inicial, pero es algo que siempre me pasa…
*)las fotografías y recortes están sacados del libro “Santiago Roqueta. L’efimer com a ofici” recientemente publicado por la que fue su compañera Pili Cos.
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salgo del estudio tarde y cansada, y malhumorada.
El ascensor se para en la cuarta planta, y se suben dos pasajeros. Él lleva una bosa de basura, afortunadamente recicla y se trata de botellas de plástico y latas. Élla apesta a perfume barato y a winston. La combinación en el diminuto ascensor es esperpéntica y todavía me pone de más mala hostia.
El autobús llega tarde, pero va casi vacío. Así que me siento. Es difícil subrayar nada en un libro con el 65 saltandose todos los baches de la Gran Vía.
Me bajo en la parada de siempre, y al cruzar el parque veo a un señor que pasa. Lleva un chandal. Y en el centro geométrico justo de la plaza el tipo decide soltar sus esfínteres, y cuescarse bien agusto y en dolby surround, incluso flexiona un poquito las rodillas. Unos segundos después, mira a su alrededor, para confirmar que afortunadamente está solo, es entonces cuando me ve, todavía con cara de susto, y no me da tiempo a ver la cara de poema que se le pone, porque se da la vuelta de golpe.
Ahora solo falta que la vecina me vuelva a regar otra vez la cabeza.
me lo llevé para iniciarlo en el pequeño ritual que es sentarse cerca de mi tite Gregorio, y escucharle hablar de cualquier cosa mientras pruebas su vino de ese año, y mi tita Fernanda eficientemente prepara cualquier cosa para picar.
Así que acurrucados en el brasero, mi tite con sus grandes gafas que alumbraban unos ojos cada vez más nublados desgranaba algún viejo recuerdo. Pantanos, túneles, frutales. Que mi acompañante tuviera ascendencia lleidatana sirvió para soltarle la lengua.
-Nunca estuve mucho tiempo en Lérida. Cuando llegamos despues de varios días en el tren estabamos muertos de hambre y de frío, viajábamos en trenes para ganado, y los trabajadores del tren nos tenían que dar una copita de coñac para que pudiéramos entrar en calor. Luego, cuando llegamos a Lérida tuvimos que salir corriendo, y dormíamos en los pueblos. Porque entonces hacían lo mismo que hacen ahora con los inmigrantes, si te cogía la policía, te detenían y nos devolvían otra vez para Andalucía.
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