la turista un millón


padre no hay más que uno
Marzo 30, 2009, 12:12 pm
Archivado en: la familia y otros animales, narcisismos

me acaba de llamar mi padre por teléfono. Era sobre el post que le dediqué el día de su cumpleaños.

Me ha dicho que muchas gracias. Y que haga el favor de quitar los años que cumple que a nadie le interesan, y que quite sus nicks de hotmail, y tal. Que bueno, que soy libre de hacerlo o no. Pero que debería quitarlo. Porque a nadie le importa que él cumpla 60 años, y claro, uno con las búsquedas de google no puede arriesgarse a que le encuentre una amante virtual rencorosa. Pero claro, que si quiero lo quito, y si no, pues no. Pero que lo quite.

Y claro.

Yo voy y lo quito. Porque si él no quiere que la gente sepa que cumple 60 años, pues habrá que entenderlo.

Es lo que tiene la censura paterna.



disculpen que no me levante
Marzo 25, 2009, 9:51 pm
Archivado en: narcisismos

Como llevo un par de días especialmente sensible he decidido hoy que me iba a trabajar a la Biblioteca Central de Catalunya, ese edificio gótico tan bonito (y sumamente frío) que alberga tantísimos libros. No he ido de gratis, es decir, realmente tenía que hacer unas cosas y buscar unas revistas antiguas…pero he decidido que mejor era no atrasarlo más y aprovechar, que además, es un sitio que siempre levanta el ánimo.

Así que he cruzado el patio de naranjos del antiguo hospital de Sant Pau, he dejado mis cositas en la taquilla y he metido lo imprescindible en la bolsa de plástico reglamentaria para entrar en la sala de consulta. Es decir, unos bolis, unos papeles, el ipod (es mi usb portatil) y mi carné de la biblioteca.

Ya llevaba un par de horas, ensimismada en mis cosas, revisando artículos varios y comprobando unos datos bibliográficos (esas cosas que a cualquier persona aburrirían, pero a mi me sumen en un estado de concentración especialmente tranquilizador y conciliador) cuando he visto al segurata de la puerta pasearse entre las mesas preguntando alguna cosa. Finalmente se ha acercado a mi mesa y le ha preguntado a la chica de enfrente si era Celia. Yo inmediatamente me he puesto tensa y me lo he quedado mirando. La chica, por supuesto, ha dicho que no era Celia, a lo que yo he levantado tímidamente la mano y he soltado con un hilo de voz: Yo soy Celia… (como una tonadillera venida a menos)

El segurata ha pronunciado mi nombre completo con sus apellidos y su ritmillo típico de profesor pasando lista en la escuela, y yo he asentido afirmativamente.

-Me puede acompañar un momento por favor?

-Sucede algo?

-Ahora le explico, pero por favor, puede acompañarme afuera.

He empezado a temblar un poco y a preguntarme qué coño habría roto ya, y a preocuparme porque a una de las revistas de los años 30 que había estado mirando en la sala de Reserva se le había caído una hoja, pero había avisado a la chica del depósito, y todo había quedado solucionado, por lo tanto no sabía a que venía mi búsqueda mesa por mesa en toda la biblioteca. Me ha acompañado hasta el punto del control de entrada al edificio y entonces me ha dicho que habían encontrado mi taquilla abierta, con todas mis cosas dentro, pero a la hora de buscar el propietario de la bolsa, la chaqueta y el paquete de café (la puertorriqueña strickes again!)  habían encontrado que en mi cartera no estaba mi DNI. Que lo único con lo que podían identificarme era mi carnet de la seguridad Social. A través de allí habían localizado mis datos en la ficha de usuarios de la biblioteca, pero en el registro aparecía como que me había ido. Así que a través de la ficha habían encontrado el telefono de casa de mis padres, habían llamado a casa de mis padres, y mi padre – después de haber confundido al segurata con mi novio…con el cual no ha hablado nunca y a duras penas sabe como se llama- le había dado mi movil, que después de varios intentos de llamarme al movil -que estaba en modo silencioso porque en una biblioteca no se puede molestar a la gente- habían decidido probar dentro de la sala, haber si había suerte, ya que a la chica de la entrada le sonaba haberme visto por allí dentro.

Yo en ese punto estaba lo suficientemente abochornada y revisaba poco a poco el contenido de mi bolso, para constatar que efectivamente no faltaba nada y que el paquete de café esta extendiendo su olor intenso por toda la garita de entrada, y comentaba que no entendía lo que había pasado, que lo había cerrado todo la segunda vez. Y es que sí, hubo una segunda vez de cerrar la taquilla, y fue cuando me dijeron que para consultar la revista de la hoja caída debía ir a la Sala de Reserva, pero como en la Sala de Consulta General también me estaban guardando unos documentos necesitaba mi DNI, así que había salido, había cogido el DNI, había vuelto a meter la moneda, y había cerrado la taquilla, y que no entendía como podía estar abierta.

-Nena, és que t’has deixat la clau posada.

(que se puede traducir libremente como: Niña, es que te has dejado la llave puesta)

Así que me he puesto roja como un tomate, y más todavía, he balbuceado un: Molesten las disculpas. He guardado mis cosas en una taquilla diferente y les he enseñado a los guardas que tenía la llave en la mano. Así que he vuelto a la sala de consulta profundamente abochornada, y con la sensación de que todo el mundo estaba pendiente de la posible ladrona de incunables – o sea: yo- he estado un ratito más sentada en la mesa, deseando que la tierra me tragara…la chica de enfrente me miraba con suspicacia…He hecho unas fotocopias para hacer tiempo, luego he ido a pedir permiso para hacer las fotocopias – porque con el bochorno se me había olvidado que estas cosas hay que hacerlas formalmente. Y me he ido, antes -por supuesto- he devuelto todo lo que tenía en consulta.

He saludado otra vez al segurata y al conserje que todavía estaban comentando lo afortunada que era, porque la persona que había encontrado mi taquilla abierta no me había desvalijado y había huído con el café, me han recordado que debía llamar a mi padre para confirmarle que no me habían robado nada y he bajado las escaleras sin levantar la vista del suelo y repitiendo entre dientes: qué vergüenza por dios, qué vergüenza, qué desastre por dios, qué desastre…

Qué bochorno por dios, qué bochorno…



lecturas suburbanas
Marzo 24, 2009, 11:19 am
Archivado en: frikismo

ayer en el metro un tipo se estaba leyendo “Zombies. Guia básica de supervivencia”.



la leyenda del tiempo
Marzo 23, 2009, 11:40 am
Archivado en: frikismo

Los lunes por la mañana habría que empezarlos, siempre, con esto.

En plan atronador, y cantándolo a todo pulmón mientras se bajan las escaleras y se dirige uno al metro.



felicidades
Marzo 21, 2009, 10:15 am
Archivado en: la familia y otros animales, narcisismos

Hoy mi padre cumple ** años.

Es la persona más gruñona que conozco, y no es cosa de la edad, venía de serie. Es nervioso y maniático hasta rozar la compulsivildad. Por culpa de eso, yo he desarrollado grandes miedos a irme de casa habiendo dejado la puerta abierta teniendo que volver a mitad de camino para comprobarlo, o a tremebundas explosiones de gas por no haberlo desconectado todo antes de salir de fin de semana. Se de buena tinta, que a mi hermano le pasa algo similar, y cuando está solo en casa echa todos los cerrojos a la puerta.

Su visión del cuerpo humano es más bien apocalíptica debido a su lugar de trabajo, o sea que todos sabemos en casa que el extreñimiento puede producir cancer de colon, y que si la perra se hubiera tragado un hueso de pollo astillado le hubiesemos tenido que practicar una traquetomía.

La tecnología le chifla, así que ya no nos extraña en casa que haya una media de 1,8 ordenadores por cápita, varios reproductores de DVD, unas cuantas televisiones, varias cámaras digitales y de video. Lo que pasa que en algunos aspectos prima su ansia de ahorro, y muchas de sus compras acaban abandonadas por absurdas o inservibles.

Mi hermano y yo nos arrepentiremos toda la vida de haberle enseñado a abrirse – en su momento- una cuenta de hotmail. Lo de los powers points y su manía con los gifs animados ha sido cosecha propia, y no nos hacemos responsables. Todos le hemos acabado bloqueando en el messenger, o filtrando sus mails. Amenaza con hacer el salto a UBUNTU.

sus nicks preferidos son ********** (sic.), ************, o ******. Tampoco nos hacemos responsables de si le ha roto el corazón a alguna señora del otro lado del charco. Nos ha salido zalamero y conquistador.

Todavía no ha superado lo de la muerte de la perra, sabemos que aquello acabó con su vida social, pero se niega a sustituirla con otro animal. Tardó más de un año en permitirnos descolgar la correa de su gancho junto a la puerta.

Es del Madrid. Los domingos de domingueros, a la vuelta del campo, nos torturaba con el Carrrrrussssseeeeeeeel Deporrrrrrtivooooooooooo. Ahora tortura a mi hermano para que le solucione sus problemas para conectarse al RojaDirecta.

Su cinismo y su humor irreverente solo es comparable al mío propio. Él lo justifica diciendo que es de Cadiz. Yo lo justifico diciendo que mi padre es de La Línea. En los detalles está la diferencia.

Su idea de una buena comida en un restaurante, acostumbra a consistir en dos platos del tipo: ensalada de la casa y entrecot a la pimienta, y de postre una tarta al wisky o flan de la casa. Por eso, en el fondo, sabemos que es absurdo arrastrarle hasta uno de los restaurantes más caros del pueblo. Pero el camarero ya le conoce. Y a veces, a falta de los postres anteriores le saca algún pudin o sorbete de limón (aunque mi padre no entiende porque no lo meten en una cáscara de limón como en todas partes).

Estamos muy orgullosos de él porque se ha convertido en el amo de casa. Ha aprendido a cocinar varios platos, desde unos macarrones con salsa de tomate, lentejas o incluso pollo al curri (sustituir al por con). Pone lavadoras -compulsivamente- friega los platos, y pasa la aspiradora. Y se enfada cuando le hacen encuestas telefónicas preguntando por “la señora de la casa”. Al fín y al cabo el que toma decisiones respecto a qué suavizante comprar es él. Por eso todas las toallas rascan y los tejanos se mantienen perfectamente en posición vertical, como si un ente invisible los llevara puestos.

La vejez le llegó de golpe. Y todavía no se lo acaba de creer.

Yo, por otro lado, lo que no me acabo de creer, es que yo esté saliendo con una persona que tamborilea los dedos en la mesa como mi padre!.

**modificado el 30 de marzo. Es lo que tiene la censura paterna.