Archivado en: narcisismos
imagino que debe ser cuestión de compensar. El olor a pescado es difícil que se vaya y siempre queda un rastro…un deje…y bueno, es algo desagradable. Imagino que por eso el fenómeno pescatera se ha hiperdesarrollado. Es decir, si tienes un trabajo que hace que no huelas a rosas, lo mejor es tener una imagen a prueba de bombas.
Por eso la pescatera del otro día parecía sacada de una pelicula porno.
Ella sonreía, en el fondo a las pescateras – y a las fruteras, y a las bacallaneres, y a las verduleras – les pone horrores que un hombre sea el que pida las cosas y con decisión, como si realmente supiera lo que está pidiendo. (La idea de que un hombre sepa lo que quiere es excitante hasta para una arquitecta.) Yo sólo podía observarla con la boca muy abierta y procurar no perder detalle, porque de estas cosas hay que aprender.
Ojos muy pintados con pestañas postizas (la del ojo izquierdo le caía levemente), cejas depiladas y perfiladas acentuando el arco (algo de-modé, pero no nos pondremos quisquillosos), mechas rubias en el pelo (nunca sería rubia platino…), labios pintados de un extraño color naranja…quizá el color no era lo extraño, quizá era la forma…pero eran raros…parecían hinchados y fofos, pero despampanantes, aunque daban un poco de angustia… bueno, eso era la cara…la cabeza…luego estaba todo lo demás.
No puedo hablar de sus manos porque estaban enfundadas en guantes de plástico. Sólo puedo hablar de lo que dejaba vislumbrar el delantal. Sus tetas. Un generoso escote -aunque no era necesario que fuera muy generoso, porque las tetas en sí eran muy envalontanadas y echás p’alante (corrijo, en realidad eran subías p’arriba)- dejaba ver dos redonceces del tamaño de dos pomelos grandes, muy grandes, y muy duros. La dureza no es algo que con la vista se pueda apreciar del todo, pero se puede intuir. No eran firmes. Eran duros. Como piedras, seguro seguro, y asomaban por encima del delantal como si quisieran huir por el cuello.
No puedo evitarlo. Todavía estoy conmocionada.
Era una pescatera hiperbólica.
4 comentarios hasta ahora
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Y yo que esa imagen la asocio a Barcelona. Mira que no he vivido nunca allí, pero imagino a todas las pescaderas de la ciudad condal EXACTAMENTE así.
Comentario por lorco enero 12, 2009 @ 2:40 pm¡SEÑOR!¡VAYA COCOCHAS TENGO HOY!¡¡VIVAS!!
Comentario por cralos enero 12, 2009 @ 6:41 pmAqui en Japon de eso no hay. Lastima. Haria la compra mas a menudo.
Comentario por lekesan enero 14, 2009 @ 3:00 amBy the way:
あけましておめでとう
Ala, ya me has puesto tonto…
Comentario por Berto enero 19, 2009 @ 2:20 pm