la turista un millón


trayectos
Noviembre 22, 2008, 10:04 am
Archivado en: narcisismos

Las dos rubias – de bote- se hacían fotos y grababan en video con el movil en la misma parada de metro de la linea 1. Era aproximadamente la una de la mañana y pegaban salititos y se reían. Una de ellas – no puedo quitármelo de la cabeza- llevaba zapatos de tacón de aguja color rosa petit-suisse. Comrpueban como han quedado los videos, dan más grititos y saltitos. Van vestidas como putones. Es el adjetivo que más se les acerca, sobre todo cuando una se quita la chaqueta y deja ver, mientras se soba las tetas ante la cámara del movil, su camiseta de tirantes con lentejuelas doradas.

-Acuérdate Celia. La edad de Cristo.

-Sí, papa, 33.

-Eso es lo que me debes. Y nunca más te dejo escoger el vino.

Me acuerdo de la cena. Mientras la borrachera me balancea un poco dentro del vagón. Sigo viendo a las rubias. Ahora distingo su moreno sintético, que pide a gritos un cancer de piel. Su tatuaje verdoso. Una luna y un pseudo duende. Ahora no se hacen fotos. Escuchan música.

Llegado este momento no me extraña que mi vecino de enfrente se encienda un cigarrillo y se ponga a fumar. Las rubias han cumplido su misión. Están rodeadas de hombres que las miran, las desean, calculan sus medidas y se excitan ante la posibilidad de follárselas.

Mi padre continuaba luego con otra historia. Me acuerdo de la cena. El niño cumple 24 años y mi padre nos alecciona sobre los peligros de la noche. Es lo que tiene trabajar en urgencias en un ambulatorio de la periferia. Llegaron dos chavales negros acompañados de una chavalita sudamericana. Pero he escuchado tantas veces la historia que sé que da igual de donde vengan los chavales y la chavalita. Entonces piden la pildora del día después para ella. Ese trozo también lo conozco. Pero el problema llega cuando se descubre que ella sólo tiene 13 años. Están atados de manos, no pueden darsela. La niña dice que su padre la matará. Necesita un familiar mayor de edad. Su padre la matará.

En la siguiente parada se bajan las rubias con todo su séquito de pantalones anchos y andares de cowboy.

El tipo de enfrente ha apagado el cigarrillo. Un chico marroquí le ha pedido que lo apague.

Seguimos en el trayeco y hago transbordo. En el siguiente andén me sorprende escuchar la expresión “oye negro”. La utiliza constantemente una chica mientras habla con sus amigos. Su actitud es relajante. Charlan entre ellos y se ríen. Yo me río también con ellos cuando empiezan a pasarse el DNI de ella y a reírse de su foto, mientras ella persigue a uno de ellos por la plataforma.

-Oye negro devuélvemelo, no te di permiso para enseñarlo. La foto no.

-Jajajaja. Mirate que cara! jajajaja. Tooooda redonditaaaaaa.

-Mira Negro, que tenía 13 años cuando me lo hice.

-Redoooonda como una pelotitaaaa, mira mira mira.

Me acurruco en mi asiento otra vez en el metro. Me dormiré. Y me estoy meando. Ahora me acuerdo del orujo de hierbas. En la calle, cuando salgo, hace fresco y las hojas secas se arremolinan en el suelo. Es como si súbitamente fuera otoño. Estoy un rato arrastrando los pies entre las hojas secas. Pienso que tendría que hacer fotos. Pienso que tendría que grabar el ruido de las hojas al crugir. Pero sigo caminando.

3 camiones de basura parados delante del bar. 3 caminones con sus respectivos trabajadores vestidos de amarillo fosforescente. Me saludan contentos y me hacen practicamente la ola. Y yo me giro y les saludo con una reverencia.

Vale, ahora sí.

Definitivamente estoy borracha.

No se diga más.


5 comentarios por mucho
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Mi admiración, señora.

Comentario por gregorio luri

Estoy con el Señor Luri.
Y por cierto, a ver si hay crónica de lo que es una deriva.

Comentario por Pedro

Me has recordado mi viaje de retorno a casa la semana pasada después de la juerga. Aun no sé como logré llegar. Y no había trabajadores de limpia para hacer olas ni ná de eso. Pero estoy segura que el chofer del transporte me cobró de más…

Comentario por bandala

En tu mordisquito de realidad has escrito crujir con ge.

Comentario por Juan

celia está de vuelta.
y juan, el guardián de la ortografía.

Comentario por jimena




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