la turista un millón


omega
Mayo 31, 2008, 3:54 am
Archivado en: frikismo, narcisismos

lo escuché por primera vez cuando tenía 19 años, llegó a mis manos casi de contrabando, a través del amigo de un amigo, que le gustaba el género y me dijo que éste en concreto era especial. Recuerdo que me pareció raro, que me costó entenderlo, que me sorprendió que sonaran versiones de Leonard Cohen mezcladas con poemas de Federico García Lorca.
Pero fue hipnótico.

Creo que es el único disco que he seguido escuchando con bastante frecuencia desde el primer día que cayó en mis manos. Y eso es mucho decir, porque sé que abundan los CDs que sonaron durante un mes y nunca más.

Omega martilleó mis oídos también en Japón.
Fue una sorpresa para mi descubrir que Enrique Morente había decidido emprender una mini gira para recuperarlo, como un pequeño homenaje a toda la gente que no había podido dejar de escucharlo.

Es mañana. Mañana voy al concierto.
Y me hace una ilusión tremenda, porque la última vez que me senté para ver un concierto de Morente diluvió, cosa rara en Barcelona, y me quedé simplemente con las palmas de la introducción.
Luego salió él, con su inconfundible acento de Graná’ (Granada), a disculparse.


Vendrán las iguanas vivas
a moder a los hombres que no sueñan



maldades
Mayo 30, 2008, 2:31 am
Archivado en: japonismes

Algunos jueves voy a buscarlo a la salida de clase.
Y hace un par de semanas inauguré un nuevo modo de hacer.

De camino paré en un quiosco de las Ramblas y compré un ramo de margaritas. Lo esperé en la puerta cerca de 20 minutos. El conserje, un chico joven mi miraba con curiosidad.

Cuando salió se me llevó en un abrazo, haciendome girar sobre mi misma, me escondió.

-Quién te ha regalado esas flores?
-Nadie, son para ti.
-Para mi??
-Claro.
-Pero por qué?
-Porque así, en estos momentos, eres el hombre más envididado de todo el Ateneo de Barcelona.

Salimos de allí entre risas, rojos como un tomate.
El conserje seguía enganchado al cristal de su garita.

Hoy repito.
jis jis jis.



pesadillas
Mayo 30, 2008, 12:01 am
Archivado en: narcisismos

anoche soñé que me transformaba en un lobo. Corría libre. Bueno, no. Huía, porque nosequé me perseguía. Así que yo seguía corriendo, pero a cuatro patas, notaba mis articulaciones de lobo, y mis patas peludas hundirse en el barro, las ramas de los matojos golpeandome el lomo, y ese jadeo de lengua fuera como los canes. Tenía el pelo mullidito, y era un lobo magnífico. No como los desnutridos que salían en los documentales del Felix Rodriguez de la Fuente. No, yo era algo así como “La llamada de la Selva” o “Colmillo Blanco”.

Todo era culpa de un virus. Siempre es culpa de un virus. Todos se iban transformando en animales. No era un proceso doloroso, simplemente sucedía. Una chica se transformó en serpiente, no era una connotación negativa, quiero decir, la muchacha no era una víbora, era una chica normal, que derepente se transformaba en serpiente. Una muy larga, que se descolgaba por el balcón. Yo la miraba con mi visión monocromática.

Pero seguía huyendo. Porque nos atacaban. Uno no tuvo mucha suerte, a él le tocó transformarse en pato. No podía correr demasiado. Y lo mataron. Eran necesario correr.

Luego descubrí que se podía controlar. Así que a veces volvía a ser yo. Y hablaba y me movía as usual. Pero cuando tocaba salir corriendo, volvía a correr como un lobo.

Luego el sueño cambiaba. Y ya era otra cosa diferente. Pero yo seguía mirando hacia atrás, porque sabía que nos acechaban.



Melissa
Mayo 28, 2008, 11:03 pm
Archivado en: literaturas

“En la época en que conocí a Justine yo era casi un hombre feliz. Una puerta se había abierto de pronto por obra de mi intimidad con Melissa, intimidad más maravillosa aún por inesperada y absolutamente inmerecida. Como todos los egoístas, no puedo vivir solo; la verdad es que mi último año de celibato me había resultado insoportable, y mi ineficacia para la vida doméstica, mi inutilidad en materia de ropa, comida y dinero me abrumaban. Además estaba harto de las habitaciones invadidas de cucarachas donde vivía entonces, con la única ayuda de Hamid, el tuerto, mi criado berberisco.

Melissa no había destruido mis miserables defensas con ninguna de esas cualidades que pueden señalarse en una amante: encanto, belleza excepcional, inteligencia; nada de eso, sino por obra de lo que sólo puedo llamar su caridad, en el sentido griego de la palabra. Recuerdo que solía verla pasar, pálida, más bien delgada, con un raído abrigo de piel de foca, llevando de la traílla a su perrito por las calles invernales. Sus manos de tísica, de venas azules, etc. El arco de las cejas artificialmente acentuado para destacar los hermosos ojos cándidos, osados. Durante muchos meses la vi diariamente, pero su belleza taciturna y decadente no hallaba respuesta en mí. Todos los días me la cruzaba con ella al ir al café de Al Aktar donde Balthazar me esperaba con su sombrero negro para instruirme. Nunca pensé que llegara a ser su amante.

Sabía que había sido modelo en el Ateliar-profesión poco envidiable- y que ahora era bailarina; más aún, sabía que era la querida de un peletero de cierta edad, un comerciante gordo y vulgar. Anoto simplemente estas cosas para registrar una parte de mi vida que el mar se ha tragado.

(…)

Encontré a Melissa, pájaro perdido en el melancólico litoral de Alejandría, semiahogado, con el sexo roto…”

Justine
El Cuarteto de Alejandría
Lawrence Durrel.



coqueterías
Mayo 27, 2008, 7:36 pm
Archivado en: extrarradio

El otro día en la estación un grupito de adolescentes reían y hacían el paripé mientras esperaban el tren. Estaban todos más cerca de los 15 que de los 18, así que ya no sé si considerarlos adolescentes, o pre-adolescentes. Tenían lo que en mi familia se conoce como Edad del Pavo. Expresión que siempre odié, pero que ahora soy consciente de que es lo único que nos define correctamente a esa edad.

Pues estos, los de la estación, estaban allí. Eran dos chicas y un chico. Él con un caminar extraño que estaba más cerca de la malformación congénita que de la chulería, pero que por supuesto él no era consciente, como si sufriera una especie de anorexia a la inversa, él se veía super guay, y el resto del mundo veíamos a un pringao con una gorra enorme, unos pantalones 7 tallas más grandes, y graves problemas a la hora de caminar mínimamente erguido. Las chicas, al contrario, caminaban bien tiesas, con la cabeza muy alta, y hablando a voces. Una de ellas era muy delgadita, y me llamó la atención, porque a penas tenía piernas, solo dos palillos tapados con unas mallas negra por encima de las rodillas. Se giró un poco y le pude ver la cara, blanca con la boca pequeña y los ojos maquillados de negro como si le hubieran dado dos hostias. Tenía las muñecas repletas de pulseras y jugaba con un cigarrillo.  Se giró completamente y seguí estudiandola, llevaba una sudadera también negra, entre abierta, dejando ver un top apretado sobre unos pechos de niña, de esos que casi crecen debajo del cuello. Si seguías bajando la mirada descubrías la sudadera abierta, por debajo de la caída de los pechos, enseñando -coqueta- la barriga.

Una barriga de aproximadamente 5 meses, redonda y respingona, que no cuadraba con las piernas escuálidas ni con el resto del cuerpo.

Ella seguía hablando a voces con su amiga, haciendo gestos masculinos con la mano y lamentando no tener fuego para fumarse el piti.