soy afortunada.
Mi madre trabaja muy cerca del (mi) despacho. Eso significa principalmente que: 1) no me dormiré y 2) me llevan en coche hasta el centro. Luego ya es cosa mía.
A la hora en que yo llego están montando las calles, como aquel que dice. Y una cosa es una calle cualquiera, y otra muy diferente las Ramblas y alrededores.
A primera hora de la mañana es cuando mejor se camina por las Ramblas. Apenas hay guiris, y la ciudad se despereza. Montan los quioscos de flores, y los de pájaros. Las cafeterías y panaderías empiezan a tener movimiento. Camareros soñolientos bostezan mientras preparan las sillas y alguna terraza . Y la gente camina, hacia arriba y hacia abajo, buscando una boca de metro o un café. Algunas señoras arrastran un carrito vacío y se dirigen al mercado de la Boquería. Los señores pasean con un periódico (o dos o tres) bajo el brazo.
En una semana he descubierto pequeños actos cotidianos. Hay un señor que lleva a su hijo al colegio en metro, antes de bajar las escaleras de la parada de Liceo se hacen con un periódico gratuito.
El chico de los periódicos gratuitos es un entusiasta de los saludos calurosos y a todo el mundo le desea los buenos días como si realmente pensara que ese día va a ser el mejor día del mundo y de la historia. El niño que va al colegio con su padre en metro se acera a él y le pide un periódico “por favor”, el chaval le saluda efusivamente, y el niño le da las “muchas gracias” y vuelve corriendo y orgulloso hasta su padre que espera en las escaleras, allí el niño le da el periódico sintiendose responsable de una tarea de suma importancia.
Esta escena se repite indistintamente cada día, de lunes a viernes, a las nueve menos cuarto de la mañana.
Los repartidores, reparten. Se pasean por las aceras con sus cajas a los hombros repletos de cruasanes y medias lunas. Los camoniones de distribución se agolpan aparcados y de ellos descienden carretas y carretas repletas de productos para las tiendas o para las despensas de los restaurantes. Mi calle, semiescondida y estrecha, se convierte en un desfile de carretilleros mientras espero a que alguien llegue a abrirme la puerta del edificio, soy tan puntual, que todavía no han colocado la cerradura de la puerta.
Carretillas de naranjas, de congelados, de botellas de leche, de carne, alguna con baldosas para una reforma circulan en doble direccion. Los repartidores van y vuelven una y otra vez, desde su punto de origen y abastecimiento aparcado 3 calles más abajo, y se van moviendo entre esas callejuelas que serpentean y forman el entramado de Ciutat Vella (Gòtic).
A las nueve chispeaba un poco, todavía nadie me abría la puerta, y las farolas seguían encendidas.
Me he dado cuenta, que de lejos, las antenas de las azoteas parecen alfileres del pelo.
(Será verdad eso que dicen, que Barcelona es coqueta - y algo gitana- y por eso lleva peineta)
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J.M. Serrat — Hoy puede ser un gran día
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Añadido a las 12:30.
A las 12 en punto todo el barrio gótico vibra en campanadas. Es la hora del Angelus!.
Mapa de la ubicación de las iglesias de la zona aquí.