mi padre es un hombre de costumbres arraigadas. A pesar de que no era cosa suya, acabó haciendose responsable, como lo acaban siendo todos los padres, de los descuidos de sus hijos. De este modo, durante más de 10 años, salía a la calle a primera hora de la mañana, compraba el periódico, se tomaba un café, charlaba con la gente del barrio, se pasaba por el super o por la panadería y volvía a casa después de haber terminado su primera excursión del día. Debido a su trabajo, mi padre pasa mucho tiempo en casa a lo largo del día, así que él se hace cargo de cocinar, poner la lavadora, y echarnos a mi hermano y a mi de la cama. Cuando todo el mundo se largaba, él nunca estaba solo.
Sus paseos, y su vida doméstica, siempre estaban acompañados por Wanda. Y la estampa de la imagen de mi padre en la calle siempre estaba ligada al perro.
Wanda era un chucho color canela, cuya raza era el eslabón perdido entre el terrier y el pequinés. De pequinés, afortunadamente, sólo tenía la cola y las orejas. Llegó a nosotros, un verano, allá por el 93, en el pueblo. La rescató mi hermano del grupo de proto-delincuentes-juveniles que la tenían como mascota de “Su Club”. De esa etapa de su vida, el perro le había cogido manía y pánico al agua (se cayó en una piscina) y a los palos de la escoba (adivinar…). Entre otras cosas, también sufría complejo de abandono, y le daban ataques de ansiedad cuando veía a alguno de nosotros alejarse en coche.
A pesar de que el Niño fue el que la trajo, Wanda no se mostraba muy solícita con él. De hecho, las únicas zapatillas que destrozó eran siempre del Niño, así como sus plantillas, y sus calcetines. También era la única persona con la que no soportaba salir a la calle. Hasta el punto de que una vez se volvió sola a casa. No obstante, siempre se hacían mimos a escondidas.
A ella le gustaba, obviamente, socializar más con mi padre. Todo el barrio la conocía, y los conocían a ambos. Formaban parte de esa pequeña comunidad de “personas que pasean al perro”. Personas que por norma general, no saben ni como se llaman, pero que conocen al dedillo el nombre y la edad de los animales de los demás.
Estoy convencida de que muchos perros piensan, que cuando salen a pasear, en realidad son ellos los que airean a sus amos. Para que hagan amiguitos.
Mi madre la sacaba poco, en contadas ocasiones, sólo cuando no le quedaba más remedio, y no había nadie más en casa. Después de todo, mi madre era la otra hembra dominante en la casa. Así que su relación era más bien tirante. Pero era una tirantez de mútuo respeto, pues desayunaban juntas muchas veces, y dormitaban en el sofá otras tantas.
Últimamente estaba contenta porque yo volvía a estar por casa, incluso la sacaba al mediodía. La consentía un poco (bastante). Lo reconozco, fue una mala pasada lo de buscarme un gato. La dejaba dormir en mi cuarto, y la subía al sofá cuando no miraba nadie.
Había una rutina en casa en torno a un perro. Darle la comida, cambiarle el agua, controlar las pastillas desparasitarias, el collar antipulgas, sus tres paseos diarios, apartar su cesta para barrer debajo. Dejar caer algo de pollo al suelo cuando nadie miraba. Darle jamón dulce cuando se abría la nevera. Una galleta maría, si la Abu llegaba de visita.
Palmaditas en la cabeza. En el lomo.
Y algunos gritos cuando se lo hacía en el recibidor.
Había toda una serie de actos automáticos adquiridos a lo largo de 15 años que se van a quedar huérfanos de sujeto.
6 comentarios por mucho
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Casi sin que uno se de cuenta, sin hacer ruido, van ocupando un hueco en nuestra vida que cuando abandonan se convierte en herida. Cicatrizará, pero 15 años de hueco son muchos.
Comentario por arrebatos Noviembre 3, 2007 @ 7:37 amCicatrizan, sí, pero dejan muñones.
Comentario por Gregorio Luri Noviembre 3, 2007 @ 5:07 pmLas cicatrices siempre dan piquiña; rasca…
Comentario por malvisto Noviembre 3, 2007 @ 11:40 pm¿En qué trabaja tu padre?
Comentario por Orochi Noviembre 4, 2007 @ 2:51 amOrochi
mi padre es escritor de relatos eróticos, pero nadie lo sabe porque los publica bajo seudónimo.
no seas cotilla!
Comentario por lacelia Noviembre 4, 2007 @ 3:55 am[...] esquivando a una perra imaginaria por los pasillos, y echo de menos esconderme de la [...]
Pingback por la vida perra « japanizeme Diciembre 3, 2007 @ 8:18 pm