me fui a Tokyo durante algo más de 10 meses, descubrí que había dilapidado la herencia de una abuela que nunca tuve y regresé al hogar paterno del que nunca más lograré escapar...me queda el consuelo de que por lo menos, ahora siempre que quiero puedo comer jamón y beber vino.
si has llegado hasta aquí en busca de informaciones útiles mucho me temo que te vas a decepcionar, esto es un blog a-didactico del que poca cosa seria se puede esperar
recibí ayer este email de parte del estudiante de la ETSAB que está pasando este curso en Waseda
Konnichiwa Celia San.
¿Pero que les has hecho a la delegación de Waseda?,
acabo de hablar con ellos y las palabras mas oidas han
sido “wine” y “fiesta”. Despues de ver la foto en la
playa lo he entendido todo y me han dado la mas grande
de las envidias de no estar en Bcn por la Mercé.
y yo miro disimuladamente al techo mientras silbo…
El Principe Genji, el Iluminado, es un hombre, o era, de curiosas costumbres. Por curiosas entiendase que le gustan mucho mucho, las mujeres. Era un gigoló.
He de reconocer que no me acabé Genji Monogatari, pero que de las 900 páginas que tiene, me quedé en la 300. Como castigo volveré a empezar de nuevo, más que nada porque a estas alturas no recuerdo con cual de todas sus amantes estaba…
De hecho intenté hacerme una guía de mujeres de Genji…pero resultó ser una ardua tarea, ya que el señorito no seguía ningún criterio. Ejemplo:
Genji asiste a una fiesta, la fiesta se acaba, pero el está algo yoparatta (borracho, como dirían los japoneses) y decide que irá a buscar a esa mujer que le gusta a él (la Menganita de turno del capítulo) no obstante llega y se encuentra las puertas cerradas, así que decide seguir caminando a ver si encuentra otra puerta abierta y puede acceder a su habitación, finalmente encuentra una puerta abierta, y una voz de mujer que canta. Él sabe que esa no es la mujer que busca, pero que le vamos a hacer, ella se ha olvidado la puerta abierta y le canta a la Luna.
Ale, ya está…ni se acuerda del nombre de la primera a la que estaba buscando, porque está demasiado ocupado deshaciendo el obi (faja que se anuda a la cintura del kimono) de su encuentro fortuito.
A la mañana siguiente le enviará versos desde su casa. Algún regalito.
Y posiblemente la visite durante una temporada, vete a saber, hasta que se vuelva a equivocar de puerta, o de carruaje, o de manga de la que tirar.
si yo alguna vez renazco en japonesa, quiero decir, soy japonesa, o como dirían los catalanes, que para eso tienen un verbo: “esdevinc” japonesa, quiero ser como Meiko.
De verdad, como Meiko Kaji.
Porque si hay que ser japo, por lo menos serlo con solera. La suficiente solera como para inspirar a Tarantino una película tan larga que son dos.