japanizeme


Rodolfo o el exotismo.
Julio 31, 2007, 8:22 pm
Guardado en: encuentros fortuitos, extrarradio

Cuando yo iba a EGB teníamos un compañero de clase que había venido de Melilla. Era de las cosas más exóticas que se nos habían cruzado por nuestras vidas, no ya provincianas, sino meramente de extrarradio. Bueno, también estaba aquella chica que vino de Reus y vivía para asombro de todos en una casa en la playa, era rubia y menuda, apuntaba maneras de la que hoy conocemos como Scarlett Johanson, con esa boquita de labios redonditos, que nunca decía nada, y por no decir, casi no dijo que su padre era policía, o militar, o algo por el estilo…pero le daba miedo, estaba asustada, y un halo de misterio la envolvía, como si huyesen de algo. Pero yo hablaba del chico de Melilla.

Se llamaba creo recordar Carlos. Ni tan siquiera era magrebí, con lo cual su exotismo era ligeramente inferior a los de la clase de 3ºB. Pero al fin y al cabo, era nuestra excepción. Carlos era gracioso, simpático y un pervertido que se la meneaba en clase a la menor ocasión. A veces también cantaba canciones en árabe, para horror del medio nazi de nuestro profesor de inglés que lo hacía callar a la menor ocasión, sin entender lo fascinante que era para nosotros, ese chaval traído de allende los mares.

El grado de exotismo de Carlitos aumentó a mis ojos cuando nos explicó un día que entre los posibles animales de compañía que se podían tener al otro lado del Estrecho estaban los camaleones. Los camaleones!! Carlitos tenía un camaleón, o mejor dicho, utilizando un pretérito pluscuamperfecto, había tenído un camaleón. Yo siempre pensé que un camaleón debía tener un nombre algo así como Rodolfo. Porque los ojos de los camaleones parecen O y Rodolfo tiene muchas O, y yo que de pequeña ya me estilaba en la poesía visual, pues pensaba en que el camaleón de Carlitos, que seguramente no tendría ni nombre, no podría llamarse de otra manera que no fuese Rodolfo.

Carlitos nos explicó que era absolutamente cierto que los camaleones cambiaban de color dependiendo del lugar en el que estaban. Y que para ejemplo estaba el día en que murió Rodolfo. Rodolfo tenía frío, y por lo visto había sido atraído por el calentador del agua-en su momento esto me pareció rocambolesco, y no diré que no guardo la sospecha de que fue el propio Carlitos que hizo a Rodolfo descubridor de semejante invento- y allí dentro se había colocado. Carlitos explicaba que Rodolfo empezó a mudar su verde, para empezar a volverse terroso, y marrón, y más oscuro y oscuro.

Rodolfo reventó de estrés, o simplemente de calor, porque al igual que las polillas en España los Camaleones en Africa no pueden evitar caminar hacia la luz. Y como el hamster que T. metió una vez en el microondas, Rodolfo voló por los aires, en un rojo encendido tirando a anaranjado, para acabar flotando cual mojoncillo, en la pila del agua teniendo en esta ocasión un color negruzco carbón.

En fin, la chica de Reus que ahora sería como la Johanson se fue al año siguiente y a Carlitos no me lo he vuelto a cruzar por el Prat.



su tabaco, gracias
Julio 30, 2007, 10:50 pm
Guardado en: correspondencia, narcisismos

el título de este post no tiene nada que ver con lo que viene a continuación…a no ser que tengamos en cuenta el hecho de que durante el concierto de Calamaro y Fito del pasado sábado, no hicimos cuentas de los cigarrillos y “tuvimos” que racionarlos. Aclarado este punto, prosigo.

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Estimado sr. Calamaro.

Vuelva a las drogas, por favor. Su club de fans, y todas las que en su momento fuimos quinceañeras y suspiramos por sus rizos y sus versos, echamos mucho de menos su aspecto tísico, desgarbado, ojeroso y chupado. Estimado sr. Calamaro, no es lo mismo cuando canta “sin mirarnos a los ojos, casi sin decirnos nada” y lo único que podemos ver es su cara de pan, y su cuerpo embutido en una camisa negra cual morcillita de burgos.

Sr. Calamaro, por favor, almenos, vuelva a darle a la coca…

Nos da igual que no tenga voz.
Pero yo, todavía soy joven como para que me destroce de la manera que me destroza mis mitos eróticos.

¿Para eso me busqué yo una vez un rollete que se le parecía?

Calamaro es grande, es enooooooorme,
y tiene la cara como un pan de kilo.

Al próximo concierto suyo que vaya, si no ha solucionado el problema, prometo escucharlo con los ojos cerrados.
Mire, que nos da igual que se nos muera joven, pero muerasenos bien guapo.

Andrés Calamaro — Crucifícame



la inexistencia o el yo (daremo nai)
Julio 27, 2007, 8:31 pm
Guardado en: narcisismos

yo no soy ni estoy.
yo me he perdido.

yo ni siquiera estaré esta noche cuando se celebre mi fiesta de cumpleaños, porque no es ni tan siquiera una fiesta de cumpleaños, es simplemente una fiesta a secas a la que se le ha colgado el pseudónimo, eufemismo, cuento chino de : fiesta de cumpleaños de…

pero yo no estoy ni soy.
o quizá soy meramente una excusa

por eso tu cámara no me enfoca cuando intentas fotografiarme
por eso las señoras se me cuelan en el autobús,
en el supermercado
y en la panadería

yo creo, por creer en algo, que se me olvidó volver de Tokyo.

Nacho Vegas — Días Extraños



fresas (バジュカルカの苺 vallucaruca no ichigo)
Julio 25, 2007, 10:21 pm
Guardado en: vallcarca

ya queda menos

maduixes

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modificado a las 16:10

y una rumbita para Juan, por cantamañanas


Los Chunguitos — Ay que dolor!



relecturas ( 再び読む futatabi yomu)
Julio 24, 2007, 8:10 pm
Guardado en: literaturas

busco el libro, lo abro, paso las páginas…recuerdo que lo marqué…ahora sí, ahora leo:

“Era un domingo a la tarde, húmedo y caluroso en el principio del invierno. Ella venía del puerto o de la ciudad con la valija liviana de avión, envuelta en un abrigo de pieles que debía sofocarla, paso a paso contra las paredes brillosas, contra el cielo acuoso y amarillento, un poco rígida, desolada, como si me la fueran acercando el atardecer, el río, el vals resoplado en la plaza por la banda, las muchachas que giraban emparejadas alrededor de los árboles.”

continuo, un poco más allá…

“Yo sabía que no era para mí - y tal vez por nadie, ni siquiera por ella misma - que la mujer se había sosegado en la vereda, inmóvil y ocre en el centro de la tarde de domingo, agregada pasivamente al calor, a la humedad, a la nostalgia sin objeto.”

más

“La seguí hasta el hotel, creyendo que ella - sin volverse, sin mirarme - sentía mi presencia media cuadra atrás y que yo le era útil, le ayudaba a subir las calles, a vivir.”

un par de hojas más adelante…

“La verdadera historia empezó un anochecer helado, cuando oíamos llover y cada uno estaba inmóvil y encogido, olvidado del otro. Había una barra estrecha de luz amarilla en la puerta del baño y yo reconstruía la soledad de los faroles en la plaza y en la rambla, los hilos perpendiculares de la lluvia sin viento. La historia empezó cuando ella dijo de pronto, sin moverse, cuando la voz trepó y estuvo en la penumbra, medio metro encima de nosotros:

-Qué importa que esté lloviendo, aunque llueva así cien años esto no es lluvia. Agua que cae, pero no lluvia.”

y más.

“Tal vez nadie en el mundo sepa mentir así, pensaba yo. O tal vez nadie cazó zorros hasta que ella se echó a reír, sacudiendo la cabeza, luchando sin energían con un recuerdo de desteñida vergüenza, para atar de inmiediato el caballo a un árbol y esconderse con un lord o un sir o un segundón de lord en un pabellón en ruinas, revolcarse en el ineludible jergón de hojas, mientras giraba alrededor de ellos, en el paisaje cursi de esplendoroso frío que ella acababa de hacer -allí, a mi lado, sin esfuerzo, con un placer impersonal y divino-, la primera cacería de zorro que estremeció la tierra, el acordado frenesí que ella iba dirigiendo con palabras ambiciosas y marchitas: pompa traílla, casaca, floresta, rastreador, la inútil violencia, una pequeña muerte parda.

Y en el centro de cada mentira estaba la mujer, cada cuento era ella misma, próxima a mí, indudable. [...]

Estaba el hambre, siempre; pero escucharla era el vicio, más mío, más intenso, más rico. Porque nada podía compararse al deslumbrante poder que ella me había prestado…”

y lo demás me lo callo.

El Álbum
Onetti

-Me gusta tu manera de llevarte el cigarro a la boca
-Creo que he visto demasiadas películas de Bogart.
-Por eso mismo. Yo también.