Guardado en: cine asiático
pasarse un día en cama con fiebre es lo que tiene, que lo ves todo un poco más claro. Al menos en teoría. Porque yo me he despertado con pesadillas, y pensando que era 1 de Mayo (o 31 de Abril, que para el caso es lo mismo).
Esto me ha llevado a darme cuenta de que el 1 de Mayo no es fiesta en Japón. Obviamente en este país donde el trabajo es tan sui generis no se podía esperar otra cosa. Pero bueno, por lo menos no es un país de hipócritas, que lo son, pero no en este sentido. No sé si lo sabíais pero es más caro alquilar un apartamento en Barcelona que en Tokyo. Y creedme, no es debido precisamente a la depreciación del yen. Siguen siendo más baratos aquí, debe ser que a pesar de la crisis, los sueldos siguen siendo sueldos. Pues eso, en este país donde se trabaja cuantas más horas mejor, donde todo se rige por la jerarquía y el puteo sistemático al que está abajo, y la empresa es tu hogar (o al menos lo era hasta antes de la crisis), hay pocos mileuristas (o 150.000 yenistas). Así que no hay 1 de Mayo, y todos tan tranquilos.
No voy a seguir por esos derroteros, que ya me he dado cuenta que no es 31 de Abril.
“Viva el 31 de Abril” era lo que rezaba una pancarta en una de las manifestaciones del Mayo del 68 en París. Junto con la izquierda radical, un poco más allá de las asociaciones de Gays y Lesbianas, y en medio de un montón de gabachos alterados, un grupo de españolitos, trabajadores encargados de limpiar las piedras de los edificios centenarios de París de su preciosa capa de hollín, seguramente aderezados con cierta sobredosis de psictrópicos, se manifestaban un 1 de Mayo celebrando el 31 de Abril. Se lo veían venir.
Una se entera de estas cosas, porque uno de esos españolitos acabó siendo su profesor de Estética en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Pero él nunca lo explicó, al menos a sus alumnos. Se lo explicó a una chica que era becaria en su departamento, que sabía hacer juegos de palabras. Esa chica a su vez se lo explicó a un compañero suyo de clase, que años después sería director de teatro. Cuando esa chica se convirtió en profesora, años después, llevó a su becaria a una representación teatral de dicho director porque dijo: “Tienes que conocer a Roger Bernat, él tiene que conocerte, hoy lo he visto en el periódico con una margarita gigante, y he pensado, en que debéis conoceros”.
En aquella cita a ciegas multitudinaria nos enteramos de la anécdota del 31 de Abril, porque la profesora (ahora ex-profesora) que antes había sido becaria, descubrió como su amigo la había utilizado (la anécdota) para un diálogo de la obra de teatro.
La chispita nunca saltó entre el niño malo del teatro catalán y yo, que estaba demasiado empeñada en alargar una relación autodestructiva con un actor ególatra.
Nunca más nos volvimos a ver (Roger & me).
Creo que ambos lo superamos. O los cálculos numerológicos le fallaron a Itziar.
Nina Simone — Mississippi Goddam
es físicamente imposible intentar explicar de que va mi proyecto a alguien que apenas habla español. Quizá debería apuntarme unas frases tipo en japonés, esas coletillas tan de arquitecto:
Mi proyecto se basa…
La imagen que pretendo ofrecer…
El juego de luces y sombras…
El objeto como fita sobre el paisaje…
La tridimensionalidad y las múltiples percepciones…
La superposición de capas y de programas …
lo malo es que no las soporto en cristiano, como para encima intentar decirlas en japonés.
A lo que iba, tanto caminar bajo la lluvia tiene lo que tiene, y al final, he cogido un catarro común. Que es eso que te dicen los médicos cuando vas a visitarlos, y quieren hacer sentirte fatal y gilipollas: “tiene usted lo que llamaríamos un catarro común”. En latín sería catarrus comunae. En japonés es おかぜ (o’kaze)
Pero la última vez, de la lluvia digo, fue especial. Salí de casa, con una sensación extraña, me faltaba un poco de aire, y parecía que la presión estaba cambiando por momentos. Hacía sol. Al llegar a Takadanobaba (es el nombre de la estación de metro que está en Waseda) el cielo estaba gris marengo (que bonito).
Salí a la calle, y el ambiente estaba raro, la gente estaba medio expectante y miraba para arriba. Era como si el cielo de Tokyo hubiera decidido aguantar la respiración, y luego hizo “uff” y tuvo algo así como un orgasmo.
Empezó a llover, suave, pero de golpe, a grandes gotas, y todo el calor acumulado en el suelo se evaporó y la calle se llenó de un olor a tierra mojada que nadie sabía de donde salía. Y llovía, con goterones, que hacían ploff ploff.
Eché a andar, hacia el campus. La gente corría a refugiarse, se protegía la cabeza con periódicos. Y la mujer corría también. La mujer japonesa corría calle abajo, hasta que resbaló. Patinó y fue a caer a mis brazos. Y yo de culo al suelo, con ella encima.
Tanto contacto humano después de tanto tiempo, me dejó como una sensación rara. Y la muchacha se disculpaba y se medio reía, y yo también me reía, y le decía que no pasaba nada. No todos los días se me arroja una mujer a los brazos (bueno, sí, una vez, pero ella tenía intenciones deshonestas y yo era joven…).
Así que me levanté, levantándola, le dije que se cuidara y seguí caminando.
No todos los días te cae una japonesa en los brazos.
Luego claro, una pilla catarros poco poéticos.
El último de la fila—pedir tu mano
mañana tengo que presentarle al Irie Sensei mi proyecto
esto me ha causado una psicosomatización de las mías, y a estas horas voy camino de una gripe, tengo algo de fiebre, me duele la garganta, la cabeza y estoy muy cabreada.
como no falla nunca, la tecnología me ha boicoteado. Las impresoras no funcionan a mi alrededor, las que funcionan están sin tinta, lo cual me imposibilita completamente presentar nada sobre papel.
he hecho una maqueta, y patética es el único eufemismo que se me ocurre.
estoy colapsada, no sé que hacer, no sé que acabar, y mañana no podré hablar, como siempre me pasa, porque se me habrá comido la lengua el gato.
lo único que me consuela es que, mi proyecto tiene 460 viviendas todas perfectamente habitables y monas.
que bien lucen mis 32 m2.
me voy a casa, a poner el despertador, que seguro que mañana me duermo como me pasa siempre que tengo que hacer algo importante.
Guardado en: narcisismos
yo envidio a mi hermano.
Claro que él dirá lo mismo de mí.
Pero que guapo está cuando pasea los caballitos por las fiestas patronales de los pueblos de cataluña…
P.D: efectivamente, mi hermano NO tiene la nariz de la familia. Ha salido chato, como el primo Chato y Frasquita.





