leo la sinopsis de Letters from Iwo Jima, a la espera de poder verla. Soy consciente que está rodada integramente en japonés, y en este país, no se molestarán en ponerle subtitulos.
Pero la sinopsis dice:
“Hace setenta y un años los ejércitos norteamericano y japonés se vieron las caras en Iwo Jima. Décadas después, varios cientos de cartas son deseterrados del suelo de esa inhóspita isla. Las cartas ponen cara y voz a los hombres que allí lucharon, así como al extraordinario general que los dirigió”
Por qué mi cambio del título?. ¿“Cartas para Iwo Jima”?
Hacia 1944 y 45, Japón ardía en la crisis nerviosa colectiva que había premonizado Soseki Natsume unas decadas antes. La política publicitaria, el discurso de la raza, de la superioridad, la singularidad de la nación, mezclado con un sentimiento de inferioridad y de intentar estar a la altura de las superpotencias occidentales y a la vez unos mensajes confusamente pacifistas había hecho del pueblo japonés una masa maleable, vilmente utilizada por un gobierno, que ni
siquiera era tal.
El Parlamento Japonés carecía de control sobre el ejército, el cual actuaba sólamente a las órdenes del Emperador, o mejor dicho, por y para el emperador…pero cómo lo sabían? El pueblo Japonés, y el ejercito escucharon la voz del emperador por primera vez, el día que se anunció la rendición ante los Estados Unidos, y aún así les costó entender de que hablaba, porque su lenguaje era excesivamente formal.
Entonces? Quien guiaba las tropas?…casi que ni se sabe. Eran un mecanismo que se había puesto en marcha hacía muchos años, y que ahora actuaba por inercia propia, alimentado desde las calderas del sentimiento nacional. Lo que sí se sabe, es que sólo el Emperador podría haberlo detenido, pero incluso él tenía sus dudas.
Qué era Iwo Jima? Como se ve en la película anterior a esta pequeña saga, Iwo Jima era practicamente un peñasco, pero un lugar militarmente estratégico debido a que los bombardeos b-29 de los Estados Unidos desde esta posición podían bombardear las ciudades japonesas una por una desde la distancia.
También se nos mostró algo más en “Flags of our Fathers”, y eran los soldados japoneses suicidandose.
Aquí, deberíamos aclarar cierto punto. Se dice que el suicidio es algo bien visto y considerado en Japón, es honroso suicidarse. Corrección, esto no siempre fue así, suicidarse era un privilegio. Sólo los pertenecientes a la casta de los samurais tenían el derecho a cometer suicidio (seppuku), de la misma manera que sólo ellos estaban autorizados a tener armas. Esto último se habíá superado décadas antes, cuando el gobierno japonés empezó a reclutar a todo hombre en edad de luchar, pero no por eso fue fácilmente aceptado por los más tradicionales, que veían una deshonra, que campesinos y comerciantes “usaran armas”. El arte de la guerra era un privilegio.
Siguiendo con esta política de eliminación de privilegios, al rededor del año 1944 se les exigió a los soldados japoneses capturados por el enemigo que se suicidaran. Pero no solo esta exigencia se le hizo a los soldados, también a los civiles. Era un DEBER NACIONAL.
En un giro de tuerca freudiano, la Gran Nación Japonesa, pasó de una agresión al exterior, a una auto-agresión o auto-destrucción interna. El pueblo ardía de sentimiento nacional, y se arrojaba a ello con ahínco. Los soldados heridos se suicidaban con sus familias. A veces incluso con sus propias manos. Se decía, que aunque todos los japoneses tuvieran que morir, “su esencia” no desaparecería nunca.
Pongo como ejemplo la ciudad de Saipan, que al ser tomada por las tropas Estadounidenses se obligó a la población, principalmente mujeres y niños, a que se lanzaran desde las montañas. En otros casos, los civiles se utilizaron como escudos humanos del ejercito japonés.
De aquí se degeneró a los ya conocidos Kamikaces.
Y entonces, llegaron las cartas.
En esta misma época, también se ordenó a los escolares que escribieran cartas a lo soldados en el frente pidiéndoles que murieran “gloriosamente”. Esos mismos niños tenían todos sus libros de texto repletos de imagenes bélicas, de tanques, de cañones, y de mensajes alentadores y patrióticos, de pureza de raza, de nación, de grandeza espiritual.
Estas cartas, sin duda, llegaron a los soldados de Iwo Jima.
Imaginaos las cartitas, escritas con manos pequeñas, con pinceles y tinta, para congeniar con el espíritu nacional. Seguramente en hiragana, y con pocos Kanjis, porque eran simples escolares, pidiendo grandeza y gloria, y otras cosas que apenas sabían que significaban, pero que escuchaban cada día en las radios, en los altavoces, las repetían los maestros, y las madres. Después de todo habían sido casi 50 años de propaganda nacionalista, y eso estaba muy adentro.
Esas cartas, sin duda, llegaron a los soldados de Iwo Jima.