la turista un millón


como último apunte de año
Diciembre 31, 2006, 11:19 pm
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como último apunte del año decir que en Tokyo los cuervos son del tamaño de un gato gordo.

Por su parte, los gatos son del tamaño de un perro chico.

Y así sucesivamente…



detrás
Diciembre 30, 2006, 12:21 am
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cuando el esmalte salta
se descascarilla
surge debajo una capa más oscura
menos noble.

¿Qué quedará de esta ciudad de tejados de mentira
cuando sus fachadas se despeguen
y sucumban sobre los peatones?

He buscado sus pies cubiertos en blancos calcetines
los mismos pies calzados en deliciosas sandalias
he buscado los pasos cortos
de los cuentos de fantasmas
y cometas en el aire.

Cuando caigan las fachadas,
no habrá nada,
como cuando se le quita la máscara
a un rostro sin cara.

El frío devorará los huesos de los edificios desnudos
y un ejercito de ejecutivos danzará
vestidos de negro
abrazados a su maletín
a su último informe.

Y los niños con sus gorros amarillos repeterián los nombres de las cosas, de memoria, para convocarlas, para no olvidarlas, y taparán con periódicos, los agujeros de metralla en sus bocas melladas.

_________

Siempre que se acerca el fin de año
tengo visiones apocalípticas.



el monstruo de la ciudad
Diciembre 29, 2006, 10:41 pm
Archivado en: japonismes

esta ciudad necesita un monstruo
un Cronos que devore a sus hijos.

Necesita más piedra y cal
más polvo.
Perder su brillo para recuperar el lustre,
la grasa.

Esta ciudad de plástico y bombilla
de muertos de trenes
y reliquias manufacturadas.

Correré,
huiré a los callejones
allí, donde las luces se apagan
y enmudecen de noche, en la oscuridad fría.
allí,
me refugiaré
bajo las ramas horizontales de los pinos
con los gatos y los fantasmas
con los niños sin cara.

y buscaré, entre los papeles anudados
y las plegarias colgadas.

Buscaré, algo.
Al monstruo.

La vida que perdieron.



de prácticas
Diciembre 27, 2006, 6:41 am
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hoy pensaba..qué bonito es Tokyo cuando llueve, vamos, que ni la Piazza San Marco. Y es que las lucecitas de neon, desenfocadas por las gotas de lluvia, que bonito, que poético, que fotogénico…., hasta que te toca pegarte la pateada bajo la lluvia, y notas el agua fría de finales de diciembre calándote hasta lo más hondo…entonces ni puta gracia tiene.

Hoy he ido a trabajar y digo yo que lo Tokyonenses han debido pensar lo mismo que yo (respecto a la lluvia) porque no ha venido ni cristo al bar. Así que hasta las cinco de la mañana he estado sola con Kato, y los dos DJs invitados de la noche.

El jefe me ha puesto a practicar con los combinados. Celiachan, gambatte kudasai.
Y GinTonic va, GinTonic viene.
Vamos, que la noche ha estado tan entrenida que a las dos y media se ha largado el jefe a sobarla, y Kato y yo a aguantar el tipo en la barra y a darle cháchara a los Djs.
Omoshiroi ne?
Nosotros a las cinco hemos cerrado el garito, y afortunadamente ya no llovía. De todas maneras Kato me ha cambiado mi cutre paraguas, por uno menos cutre, por si acaso volvía a llover. Que dicen las noticias, señores, que ha sido el día de más lluvias en todo el año.

Total, de vuelta a casa, la batería del ipod a muerto y he tenido que volver con el runrun del metro, haciendo esfuerzos para no dormirme. Ya en el barrio, he pasado por delante del McDonals abierto 24 horas y he descubierto que la gente duerme en él, algo así como una pensión improvisada. Una decena de chicos, chicas, y algún que otro ejecutivo despistado, dormían la mona sobre las mesas de formica. Lindo panorama desde el escaparate.

A mí sólo me quedaban dos minutos de paseo, y en casita.
Oyasumi, ne?



merycurisumasu
Diciembre 26, 2006, 8:17 pm
Archivado en: japonismes, narcisismos

La noche antes de Noche Buena, Toshi y Juichi montaron una cena en mi casa. A ver, la cosa está clara, su piso es muy pequeño, y yo sigo teniendo todavía una habitación libre, así que decidieron invitarme, para así ocupar mi casa. Bueno, pues vale.
La cena fue frugal, siendo generosos, quiero decir, me quedé con hambre, y bastante, puesto que básicamente comimos una especie de caldo con verduritas y tofu y unos huevos cocidos con salsa de soja. Pero lo importante era beber, como siempre. Así que el tema era beber y beber y cuantas más mezclas mejor.
La cena empezó a las 9 de la noche, a la 1 ya estaban para meterse en la cama. A esa hora, yo empezaba a tener el punto y me hubiera ido de fiesta sin dudarlo. Afortunadamente dudé, porque al día siguiente tenía que dar una clase y relativamente temprano.

Al día siguiente, me levanté con el estómago bastante tocado, seguramente por culpa del vodka y del nihonchuu, y ante todo, porque aquella cena tan escasa no podía ayudar demasiado. Me fui a clase, soñolienta, y vi un trocito más de “Cuentame”. A la vuelta, me paré a comer en Shibuya. Fui buena y no me metí en un McDonalds y me fui a un puesto de comida rápida japonés, es decir arroz con algo más. En estos sitios la carta tiene fotografías, con lo cual señalas lo que quieres y ya está. Yo señalé lo que creía que era lomo de cerdo rebozado con arroz (tonkatsu, riquísimo) pero en realidad resultó ser una especie de chipirón rebozado relleno de no se qué. Una guarrada que me tuve que comer porque estaba hambrienta y porque lo había pagado. Llegué a mi casa con nauseas y arrepintiendome de no haberme comido una hamburguesa. La comida me sentó tan mal que me tuve que meter en la cama.

A eso de las 7 de la tarde llamaron a la puerta. Era toshi, seguía teniendo la cara tan roja como cuando se fue el día anterior a dormir. Me preguntó si me quedaba alcohol en casa, que le apetecía beber mucho, le dije que sí, y le di los restos del nihonchu y de la botella de tinto. Me preguntó si no los quería, le dije que ni hablar, que no acostumbraba a beber en casa y mucho menos sola. Se fue super contento, a pegarse su borrachera en casa.

Volví a la cama y me puse unos dibujos animados. Al cabo de media hora escuché unos golpecitos en la puerta. Insistieron un poco más. Fui a abrir, pensando que volvería a ser Toshi o Juichi, que me pedirían algo más. Para mi sopresa resultó ser la vecina de arriba con uno de sus niños.

-This is a present.

Le hizo un gesto al niño, y el niño alargó un bote. Le volvió a hacer un gesto y el niño dijo

-Merycurisumasu.

Esta vez fui capaz de responder en japonés, y dar las gracias, es más, les pedí que esperaran un segundo, abrí el congelador y saqué un hagendazz de mi reserva y se lo di al niño, que lo cogió como si se le fuera la vida en ello. La madre le volvió a hacer un gesto y el niño agachó la cabeza en señal de agradecimiento mientras cogía la tarrina con las dos manos.

Cuando se fueron miré el bote, y descubrí que era una lata de porciones de turrón de jijona. Marca 1880 o como sea.
Coño!

Esto tiene dos posibles explicaciones. En mi barrio hay tiendas muy fashions con productos extranjeros, y los japoneses no perderán la oportunidad de vender pastas exclusivas de una época determinada (cosas del marketing), imagino que se encontraron esto con la etiqueta de España y pensaron en la pobre españolita que pasa las navidades sola.

La segunda opción es la siguiente: llevo 5 días pendiente de un envío de mi madre consistente en mantecados, turrones y mazapanes que no acaba de llegar. Estoy empezando a pensar que se lo están zampando mis vecinos, y a mi me han dejado lo que no les gustaba en señal de buen rollo.