la turista un millón


la habitación
Septiembre 20, 2006, 8:37 am
Archivado en: narcisismos

Uno siempre sueña con sitios en los que ha vivido en su infancia. El cerebro (o cerebelo) en un intento de acoplar imágenes en los sueños y dar formas a sus collages surrealistas siempre acaba recurriendo a las “imágenes más vistas”. En mi caso una y otra vez, siempre, aparece mi habitación de cuando era pequeña. La habitación, en si, también era bastante pequeña.
Allí estuve metida, casi enclaustrada, hasta aproximadamente los 16 o 17 años, momento en que mi hermano pequeño, presa de vete a saber qué, decidió cambiármela por la suya, 3 veces más grande y con luz del sol.
Mi habitación era minúscula. Medía unos 2´60 metros de largo por unos escasos 2 metros de ancho. Se entraba por supuesto, por una esquina en el lado más largo, y la puerta se abría al revés. Es decir, no quedaba contra la pared, permitiéndote entrar libremente, si no que se abría hacia el interior (chocando contra el armario), de manera que lo primero que veías cuando entrabas era una pared.
Tenía un escritorio que apenas utilizaba nunca, porque siempre estaba repleto de trastos encima y por el hecho de que no había manera de encasquetar una silla entre la mesa y la cama. Si te sentabas en la silla quedabas preso puesto que no podías desplazarla hacia atrás para salir, así que tenía que hacer equilibrismos y levantarme de pie, pegar un salto a la cama y así salir de la trampa-escritorio. Todo esto requería mucho esfuerzo y mucho desgaste, y yo que siempre he sido más bien perezosa desistí pronto.
La cama era grande, es decir, medía 1´8 de largo, porque mi madre veía peligrosamente como mis piernas iban creciendo, y alargándose y decidió que mejor prevenir que no tener que curar una espalda retorcida por el hecho de haberme obligado a dormir en un camastro.
El armario, casi tan grande como la cama, se encontraba, como no podía ser de otro modo, paralelo a esta, y entre ambos quedaba a penas un pequeño pasillo, el justo para abrir las puertas del armario, es decir, lo justo para permitir el giro de la puerta del armario, mientras yo, subida en la cama las abría.
Al fondo, en la cabecera de la cama, y algo tapada por el super armario había una ventana con las vistas más deprimentes que he visto nunca. Otra ventana. Es decir, mi cuarto nunca recibía la luz solar o nada que se le asemejase puesto que daba a un patio interior, se trataba de un tercero y había por encima de mi otras 4 plantas más, por lo tanto nunca se filtraba ningún rayito de sol extraviado. En la ventana de enfrente, por supuesto no vivía ningún chico guapo por el que suspirar desde mi retiro. Allí vivía una yaya viuda, conocida por todos como la Sra. Paca.

La sra. Paca siempre dijo que llegaría lejos. (Mire!!! Estoy en Japón!!!!). Me enseñó ganchillo, y me tuvo esclavizada durante unos 3 meses haciendo cadeneta, y yo hacía metros y metros de cadeneta, y ella me los deshacía y me obligaba a empezar de nuevo. Al final me harté. De ella recuerdo también que bebía leche en polvo, que tenía un teléfono antiguo de color negro, de esos con auriculares enormes que me tenía fascinada, su casa olía a naftalina y tenía papel en las paredes, su marido había sido taxista y siempre explicaba escenas sórdidas que le habían pasado a su difunto señor, y en la mesita del recibidor guardaba una navaja árabe con incrustaciones y filigranas en la empuñadura que su abuelo había encontrado en la playa.

Pero yo hablaba de mi cuarto. Allí me pasaba las horas muertas. Mirando al techo, mirando al armario, mirando por la ventana (hacia la ventana de la sra. Paca, siempre cerrada). Cuando digo que estaba como enclaustrada lo digo en serio. Porque siempre fui de salir más bien poco, de carácter un tanto monástico. Me corrijo, NUNCA salía. Llegaba de clase, y si no me ponía a ver algo en la tele iba directa al cuarto. Allí me leí casi la totalidad de las obras completas de Agatha Christie, un par de veces el Sr. de los Anillos y el Hobbit, y otras extravagancias juveniles que prefiero no recordar. Apenas estudiaba. Era terriblemente aburrido.
Hacía los ejercicios de clase deprisa y corriendo, y luego ya está. A soñar despierta. Si llegaban los exámenes, esperaba hasta la noche antes para estudiar. Cuando tenía periquitos les explicaba a ellos la lección. Cuando tuve a mi perra, me la traía, la colocaba encima de la cama y se la explicaba a ella, que suspiraba de aburrimiento intentando dormir.
No tenía televisión en el cuarto, eso era una extravagancia que mi madre no soportaba. Me alegro de que fuera así. Si no tendría el cerebro mucho más frito que ahora. Simplemente estaba allí. Sentada.
Esperando pasar de algún modo lo más desapercibido posible la adolescencia y llegar a un estado…mejor o diferente.
Ahora sueño con ese cuarto. Y estoy allí todavía, y la gente no para de entrar y salir. Nunca fue un gran refugio después de todo, la puerta siempre estuvo rota, y no tenía manilla. Simplemente pegando un suave empujón se abría.
Pero siempre he sido demasiado perezosa y nunca la arreglé.


8 comentarios por mucho
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Si que era pequeña tu habitación si.Doy fe. Creo que no he visto ninguna tan pequeña como aquella, en la que alguien pase tanto tiempo como pasabas tú seguro que no.
Cuídate prima!!!

comentario por Albiwega

Tendremos que enseñarte a soñar…

comentario por Un tipo raro

Pues a mi me gusta como escribes, la manera en que introduces el detalle que le da verosimilitud al conjunto, la forma como encadenas el relato… En fin, que, chica, tú vales mucho. Más aún: creo que estás a punto de inventar el costumbrismo postmoderno.

comentario por Gregorio Luri

Yo tampoco se pk la cambie… Pero, logré burlar la autoridad materna de mi hogar e instalar un Sanyo en color de escasas pulgadas y… asi me estoy quedando.
Oye, me han preguntado si me podrias enviar una cocacola japonesa, hay mucho chico raro por ahi, pero si puedes, ya sabes.
A disfrutar!!

comentario por juan

Recuerdo el impacto que me causo entrar en esa habitacion.. casi el mismo que me producia el entrar a la mia.
Un beso

comentario por Pedro

¿¿Que nunca salías?? Y ¿¿¿¿qué te pasó luego????

comentario por Sibel

Wala, se me acumulan las respuestas
Albita, me cuido me cuido, tu habitación siempre fue muy bonita, sobre todo los dibujos que colgabas en las paredes, jejeje :p
Berto me apunto lo de las clases de soñar
Gregorio !!! me ruborizo!! voy a inventar un estilo literario!!! (seguro que esto se debe a los libros que me leí de Agatha Christie)
Juanito mi hermanito del alma, nunca entenderé porqué me cambiaste el cuarto, y lo que nunca entenderé fue como conseguiste meter la puta televisión!!! mamá siempre te mimó más a ti que a mi, seguro que fue por el tema de ser sietemesino y de salud delicada, hummm
Pedro Sólo hay una habitación comparable a la mía, y esa es la tuya, sin duda, debemos estar agradecidos a las constructoras de los años 60 en el Prat, por habernos ayudado a generar una colección tan amplia de neurosis por culpa de su falta de tacto arquitectónico
Sibel no, nunca salía…de hecho yo siempre he sido muy casera…lo que pasa que cuando me entra el síndrome ese que tú y yo sabemos, salgo de caza.Esto sin duda es culpa de los monitores que tenía en las colonias y en los campamentos de verano, que me pervirtieron de mala manera.

comentario por LaCelia

Por cierto Juan, una cocacola japonesa??
tío, búscate trabajo ven a verme y te la llevas tú…si al menos me pidieras una PSP…pero una cocacola japonesa…(no prefieres una PEPSI? aqui le llaman PEPUSI)

comentario por LaCelia




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